SALVOS POR SIEMPRE

Padre, Jesucristo, Señor mío:
Ya nos queda muy poco tiempo…
¿Qué haremos Papá? ¿Desistiremos ahora que falta tan poco para alcanzar la meta?
¿Quién no comprende que a este mundo corrupto, ciego, lleno de codicia y maldad le llega su hora?
Padre: Pido tu bendición. Para tu Iglesia, tu pueblo fiel, que a pesar de sus debilidades no deja amarte…Y aún este amor no proviene de sus propias fuerzas, sino que Tú has dispuesto los corazones de tu pueblo, derramando tus muchas misericordias y tu amor infinito… y por eso te amamos.
Padre: muchos hipócritas están arrebatándole a tu pueblo la salvación que tú mismo has comprado con tu preciosa sangre.
Colocan sobre sus espaldas el peso de la ‘culpa del pecado’ y ellos mismos ni con un solo dedo quieren tocarla…
Dudan y hacen dudar a tus hijos de que cuando tú los recompraste, los recompraste para siempre. Cuando tú los llamaste, aceptaste y salvaste, los llamaste, aceptaste y salvaste para siempre. Nos dicen que los pensamos así perjudicamos a tu pueblo pues le damos ‘licencia para pecar’…
¿Acaso tenemos permiso para pecar?
¡De ninguna manera!
Más si la fórmula para la salvación fuera aceptar al Señor Jesús nada más y luego no volver a pecar, estaríamos todos perdidos… A los que predican esto, pregunto ¿Por qué fue necesario que Cristo muriera en la cruz? ¿Acaso no fue porque nuestros pecados recayeron sobre Él?
¡Sí! Y un gran ¡SÍ!
Cristo llevo sobre sí mismo todos nuestros errores: los pasados, los presentes y los futuros.
Nos salvó para siempre. Porque sabe el Señor en su infinita omnisciencia que somos débiles y que pecar esta en nuestra naturaleza humana caída… Y no hay nada más antinatural a nuestra miserable condición que no pecar… Porque como dice salomón: ‘Ciertamente no hay hombre justo en la tierra que haga el bien y nunca peque’… Pero no faltan las voces de aquellos ‘justos e inmaculados’ creyentes que se creen libres de toda culpabilidad y en la punta de sus afiladas lenguas tienen pronta la espada de la condenación: ‘Consienten el pecado, dicen’…
Pero no amigo mío, no… No es eso lo que trato de explicar.
Por su vana retórica y su encendida prédica acerca del nuevo hombre y sus obras y la carne y sus obras yo también estuve confundido largo tiempo…
Y es que para ser breve la explicación es sencilla y simple, el problema es que los ‘creyentes autosuficientes’ de hoy en día piensan que ellos son los responsables por su propia salvación, y no dejan de engañarse a sí mismos y a muchos más también… Y es algo repulsivo porque se parecen a los fariseos que tenían la llave del reino, más no entraban, ni tampoco abrían la puerta para que los demás entraran… Y esto es malo y repulsivo porque muchos creyentes están de corazón luchando contra sus pecados más secretos y miserables en este momento y por razones que sólo su corazón y Jehová nuestro Dios conoce, no se animan a confesarlos. Y vienen estos ‘pastores superfinos’ a vedar el camino de Jehová, a cerrar la puerta, a poner como obstáculo la ‘Culpa del pecado’… ¡Este no es hijo renacido, dicen! ¡Hemos descubierto su pecado, vociferan! ¡Aún bebe, fuma, miente, y otras cosas ocultas tiene! Pero no saben ellos que en el secreto de su corazón a este hermano lo aplasta la culpa… El dolor de fallarle a Cristo que se entregó hasta la mismísima muerte por el… Porque en verdad quiere ‘obedecerle de todo corazón’.
Pero su vieja naturaleza, con la que tendrá una lucha titánica y feroz hasta sus últimas horas mientras esté en esta prisión de carne y hueso, lo apremia, asedia, lo conduce cautivo a la ley del pecado que está en sus miembros… ¿No es familiar para ustedes este pasaje bíblico?
¡Sí! Claro que saben dónde está y quién lo escribió: fue el mismo Apóstol Pablo.
El que dice de sí mismo que es ‘el primero de entre todos los pecadores’… Al que le fue dada también ‘una espina en su carne’, un ‘pecado secreto’, que lo atormentaba para que las revelaciones que se le habían confiado no hicieran que se exaltara indebidamente… Pero los ‘pastores superfinos’ también han tocado este asunto y han tergiversado las palabras del Apóstol con elucubraciones y explicaciones que rayan lo delirante, cuando es más que claro que Pablo se refiere a una lucha contra el ‘pecado que está en sus miembros’, ‘en su carne’, del cual rogó a Dios que lo quitara, más Dios le contesto con estas palabras: “Bástate mi gracia. Porque mi poder se perfecciona en la debilidad”.
Hermanos: estas mismas palabras nos las repite Jesús ahora a nosotros, los que estamos descorazonados y abatidos, tristes y débiles por el embate de nuestras faltas, más sabe Dios que en pos de su Espíritu vamos: “Bástate mi gracia. Porque mi poder se perfecciona en la debilidad”.
A los que los acusan y abofetean frente a la congregación echándoles en cara sus pecados respóndanles: … ‘muy gustosamente me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí’.
Porque Dios sabe hermanos que hemos suplicado de corazón que nos libere de nuestras cargas, más Él, en su sapiencia infinita, nos ha dado este aguijón…
Más bien sabemos que solos no estamos, pues su gracia y su poder descansan en nosotros en forma de fe y perseverancia. Porque Él no nos deja desistir nunca. No por nuestra propia ‘suficiencia o esfuerzo’, sino por su amor infinito. Así que ahora recobren el aliento y no permitan que el peso de la culpa los devore. No permanezcan inactivos y callados, apartados en un rincón, sin ganas, desanimados y oprimidos. Hagan más bien lo contrario: propóngase luchar con todas sus fuerzas por la causa de Cristo que no es otra que la salvación de todos los hombres. No juzguen y de esa manera nadie los juzgará a ustedes. Además ya saben que todos somos pecadores y culpables y cada uno a su manera sabe que es deudor ante Dios. Más bueno sería que todos los creyentes verdaderos se apoyaran entre sí. Porque como dice el dicho: dos son mejor que uno, y así por delante.
¡CRISTO LOS SALVÓ PARA SIEMPRE! ¡SIGAN LUCHANDO! ¡SEAN PERSEVERANTES!
¡ESTÉN ALEGRES! ¡ESTÉN GOZOSOS DE CORAZÓN! ¡DEN GRACIAS A DIOS POR MEDIO DE CRISTOJESÚS!
Hermanos, ustedes están viendo que la palabra de Dios se está cumpliendo inexorablemente. Los tiempos que vivimos son críticos y una gran guerra se avecina. Traten de atraer a todos los hombres que puedan a la obediencia a la palabra de Dios. La salvación está sólo en Jesucristo. Para salvarnos de la destrucción que se cierne sobre nosotros tenemos que aceptar la salvación que Jesucristo nos dio. No permitan que hombres malvados y perversos los perturben con sus dogmas y tiranías inventadas por ellos mismos. Recuerden que el ‘yugo’ de Cristo ‘es dulce’ y su carga ‘liviana’. No estén desanimados lo repito. Mírense a ustedes mismos, pónganse a prueba ustedes mismos, díganme si cuando comenten algún pecado, sea el que fuere, no se sienten devastados y dolidos, y ruegan a Dios que los perdone y reciba en su misericordia. Ahí tienen la prueba de en pos de qué están yendo, si de la carne o del espíritu. No conozco a ningún hijo de la carne que peque y sienta algún remordimiento, ni a ningún hijo del Espíritu que peque y enseguida no sepa que ha hecho lo malo y quiera volverse a Dios en polvo y ceniza… Recuerden también el dicho: no existe árbol malo que de fruto bueno, ni árbol bueno que de fruto malo. Los hombres se reconocen por la pureza de sus corazones. Todos nos podemos equivocar, pero sólo los hijos de Dios se vuelven arrepentidos a clamar perdón por sus pecados.
Empecé esta carta diciendo que nos queda muy poco tiempo. Y fíjense ustedes si lo que digo es verdad. Todos los creyentes verdaderos sabrán reconocer los tiempos críticos de los que nos ha hablado el Señor Jesús y los Apóstoles. Hermanos: es hora de mantenerse alerta y despiertos haciendo todo el bien posible. Que Dios nuestro Padre creador los Bendiga y Jesucristo nuestro Salvador los guarde. Siempre ruego por la Iglesia invisible de nuestro Señor Jesús. Sólo Él conoce a sus elegidos. Que cada uno contribuya a la causa de Cristo como pueda y con lo que tenga. ¡QUE NADIE LES ARREBATE SU CORONA! ¡QUE NADIE LES QUITE EL GOZO DE LA SALVACIÓN ETERNA QUE JESUCRISTO LES DIÓ! ¡CRISTO COMPRÓ SU SALVACIÓN ETERNA CON SU PRECIOSA SANGRE! ¡NO PERMITAN QUE HOMBRES CORROMPIDOS DE MENTE Y ESPÍRITU LES IMPONGAN CARGAS Y LLENEN SUS CORAZONES DE CULPABILIDAD! ¡CRISTO YA LOS PERDONÓ SIGAN APUNTANDO HACIA LA META!
Un abrazo y un beso grande de un hermano de Fe en Jesucristo. Que Dios nos guarde. Amén.
F.D.A.P.

¿Qué tan preparados estamos para la venida de nuestro Señor?

Hermanos: decimos que deseamos su regreso, que lo amamos y anhelamos de todo corazón, que no vemos la hora que el Señor regrese y ponga fin a todas nuestras penas y sufrimientos… ¡Yo también lo digo y así lo siento en mi corazón!
Cuando veo la injusticia, la maldad del hombre, como con tanta saña y crueldad persigue a sus semejantes, los explota, maltrata, injuria, abusa… Me faltarían adjetivos para describir en todo su potencial a la maldad humana en acción. ¿Qué podemos esperar de estos tiempos en que nos ha tocado vivir sino que la maldad vaya en aumento? (El otro día contemplaba atónito cómo un compañero de trabajo se ‘reía y festejaba la muerte’ de otro compañero más viejo -fallecido a causa del cáncer- enemistados por una vil y trivial discusión laboral…).
Repito, cuando veo y vivo todo esto a diario, deseo fervientemente que Jesucristo vuelva y ponga a fin a todo esto.
Con esta esperanza de por medio es que escudriñamos y estudiamos las sagradas escrituras esperando encontrar en ellas las señales que arrojen luz sobre los tiempos que estamos viviendo. Leemos las profecías para entender y buscamos discernir los tiempos establecidos para el cumplimiento de todas las obras y palabras expresadas por Dios. Queremos comprender el comportamiento del hombre, tanto del hermano que tiene a Jesús en su corazón, como de aquél que ni le espera ni le recibe… Todo esto esta descrito en las sagradas escrituras. Jesucristo y los Apóstoles nos han advertido de antemano cómo reconocer tiempos difíciles, hombres impíos, también a la ‘Iglesia verdadera’, y las señales de los últimos tiempos… Todo lo que tenemos que saber y entender sobre ésta vida y la esperanza de la vida futura están ahí.
En esto gastamos gran parte de nuestro tiempo: en ‘Estudiar’ la palabra.
Y no digo que este mal, al contrario, está muy bien, pero… ¿Bastará con esto? ¿Estamos realmente preparados para recibir al Señor cuando regrese? ¿Será que no estamos demasiado sumergidos en la teoría y poco es lo que aplicamos en nuestro día a día de todo lo que aprendemos y leemos?
Infelizmente creo que sí hermanos…
Leo mucho pero aplico muy poco de lo que leo a mi vida cotidiana…
Aprendo mucho pero enseño poco a los demás acerca de las riquezas de la gloria y la misericordia de Cristo…
Veo en las escrituras ejemplos de superación y esfuerzo por sobreponerse a las dificultades de la vida, pero a mí poca cosa me turba…
Me maravillo con los milagros de Jesucristo y los Apóstoles pero obro con poca fe en una cantidad innumerable de cosas, a veces no sé si realmente soy un creyente…
Y así por delante, fuerza es reconocerlo… Fallo en muchísimas cosas, me cuesta hacer realidad la palabra de Dios en mi vida. Se lo confieso a ustedes, Dios sabe que no miento.
Las preocupaciones, muchas veces la falta de fe, las dudas, las dificultades y problemas cotidianos parecen ahogarnos, entonces nos quedamos sólo con el conocimiento teórico. Sabemos mucho sobre profecía y doctrina bíblicas, pero poco aplicamos esto a enriquecer nuestro día a día y la vida de los demás…
Muchas veces le rogué a Jesucristo que su palabra se hiciera realidad en mi vida. Quiero vivirla, quiero dejar atrás los miedos, angustias, pesares, y transformar mi vida a través de la palabra de Cristo y así transformar también la vida de los demás…
Creo que esto y no otra cosa es lo que realmente va a hacer la diferencia entre los que viven en el mundo de la ‘teoría y del conocimiento’ de la palabra y de aquellos que, transformados por la palabra viva de Jesucristo, cambian la realidad de los que todavía esperan conocer y convertirse a la fe de Cristo.
Hermanos, esta es la verdadera transformación: Qué la palabra de Cristo se haga realidad en nuestra vida. Vivirla, sentirla, sentir su poder transformador, no sólo sobre mi vida, sino llevar ese poder a otros hermanos, tanto al débil y atribulado, como al que aún no ha recibido a Cristo en su corazón.
La palabra de Dios es poder, de eso no tengo dudas, entonces quiero rogar a Dios por medio de Jesucristo, que su poder transforme mi vida, me cambie y me mude en nuevo hombre poderoso, conforme a sus riquezas y voluntad inescrutables.
De esta manera haremos realidad nuestros sueños y viviremos una vida gloriosa en el nombre de Jesús. Como dice Pablo: ¡reinaremos en vida!
Porque no basta con saber, no basta con aprender, no basta con retener en la memoria pasajes bíblicos y capítulos enteros de los evangelios… Es necesario un ‘reavivamiento’, ese poder y esa vida que sólo provienen del Espíritu Santo de nuestro Señor Jesús. Ese poder que nos hace vivir de verdad la palabra de Dios.
¡Esto es estar preparados!
¡Esto es saber porque luchamos!
¡Esto es hacer realidad nuestros sueños!
Hermanos: oremos por esto. Oremos todos los creyentes por hacer realidad la palabra de Dios en nuestras vidas. Así viviremos en victoria, con alegría y gozosos de corazón en todo momento, y nada nos turbará el ánimo, sea lo que sea, porque vivimos de verdad y hacemos realidad la palabra de Dios en nuestras vidas. Amén.
Dios los bendiga siempre. Los saluda un hermano de Fe en Jesucristo F.D.A.P.

Vendrán tiempos difíciles…

“Ahora bien, ten en cuenta que en los últimos días vendrán tiempos difíciles. 2 La gente estará llena de egoísmo y avaricia; serán jactanciosos, arrogantes, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, 3 insensibles, implacables, calumniadores, libertinos, despiadados, enemigos de todo lo bueno, 4 traicioneros, impetuosos, vanidosos y más amigos del placer que de Dios. 5 Aparentarán ser piadosos, pero su conducta desmentirá el poder de la piedad. ¡Con esa gente ni te metas!”  (2 Timoteo: 1-5)

Más que nunca, la palabra de Dios expresada por los Santos Apóstoles, nos ilumina sobre el estado de cosas que estamos enfrentando y contemplando con nuestros propios ojos en estos postreros días. Yo sé que más de uno dirá que siempre nos expresamos así, y que es típico de las “mentes apocalípticas” anunciar catástrofes y declamar abiertamente ante cualquier acontecimiento que estamos viviendo los últimos días… Yo sé que dirán también que esto es cosa de fanáticos, maníacos y lunáticos  que sueñan con el apocalipsis y que pretenden ver en todo la mano de satanás…

Es propio del incrédulo  burlarse, mofarse y reírse de los creyentes. Esto también fue profetizado en estos versículos que acabo de compartir con ustedes hermanos, y que conforman el inicio de la 2ª carta de Pablo a Timoteo.

Hermanos, no entren en desesperación. Recuerden, cuando fueren menospreciados por sus enemigos, gente  impía e incrédula, que “la profecía no fue escrita para el incrédulo, sino para los creyentes”. Regocíjense en estas palabras del Apóstol Pablo (1ª Corintios  22-23) pues el Espíritu Santo de Jesucristo les ha dado el entendimiento necesario para que puedan ver cómo las palabras de nuestro Señor Jesús encuentran cabal cumplimiento en estos días.

El mundo siempre fue obsceno, lleno de maldad y pródigo en injusticias. No es necesario que nos citen ejemplos que a  lo largo de la historia nos demuestran la maldad humana en acción. ¡Sabemos que esto es efectivamente así!

Siempre existieron hombres impíos, avaros, codiciosos, embusteros, mentirosos, traidores, capaces de todo tipo de crímenes, con tal de controlar y manipular a sus semejantes.

¡Esto no nos sorprende a nosotros los creyentes!

Lo que nos deja atónitos es el número cada vez mayor de este tipo de personas.

El tiempo corre, vuela, todo anda de manera acelerada, y si bien vemos adelantos científicos y tecnológicos que transforman nuestra realidad y modifican radicalmente nuestra vida cotidiana, no deja de asombrarnos como también los valores éticos y morales caen en picado… Hasta parece que los adelantos tecnológicos hunden más a nuestra civilización actual en una amoralidad y un relativismo autodestructivos. ¡Todo se usa para el mal!

¡Nada les importa a los hombres de nuestro tiempo! Miren a su alrededor: es cada vez mayor el número de personas a las que todo lo malo y condenable les parece un chiste… Defienden  lo indefendible arguyendo que “los tiempos son otros”… piensan que un pueblo solo será ‘moderno’ y ‘progresista’ cuantas más leyes polémicas apruebe: el aborto, el libre consumo de estupefacientes, el matrimonio igualitario, etc… etc… Y así estamos, sumergidos en el más profundo individualismo y relativismo moral en que se pueda caer…

¡Todo es válido y todo está permitido! 

La sociedad moderna ha caído en un profundo abismo  moral del que difícilmente saldrá.

Con el objeto de construir la sociedad  “libre por antonomasia”, nuestros dirigentes políticos  han dado rienda suelta y legalizado  todo aquello que lleva en sí mismo el germen de la destrucción de todos los pueblos: ¡la libertad descontrolada!

En nombre de esta libertad, transformada en libertinaje, los hombres se drogan, mienten, traicionan, acaparan, roban, matan… Todos los medios son válidos para lograr el fin supremo de la “libertad total y absoluta”. Y es en este libertinaje en el que se encuentran sumergidas nuestras sociedades. Es cada día más difícil hallar personas honestas, sencillas, bondadosas, leales, compasivas, comprensivas. Los valores y principios que encontramos en las palabras y enseñanzas de Jesucristo están cada día más en desuso… Esto nos confirma la profecía del Apóstol Pablo. Y no sólo ésta, sino muchas más, y todas ellas las encontramos a lo largo y ancho de la palabra de Dios. Fíjense hermanos lo difícil que es encontrar a algún muchacho joven que siquiera sepa algo de la palabra de Dios. ¡Nada saben ni tampoco les importa! ¿Qué nos depara el futuro con esta clase de personas que se están formando hoy?

En un mundo donde todo es válido para alcanzar lo que se ha propuesto ¿cómo no ver que estamos criando y educando a seres humanos desprovistos de toda humanidad?  Sobrarán soldados para los ejércitos del anticristo: egoístas, mezquinos, embusteros, tramposos, impiedosos, asesinos, faltos de amor y de misericordia. Gente que sólo piensa en sí misma y está dispuesta a pasar por encima de todo buen principio ético y moral para lograr sus objetivos egoístas. Por eso hermanos de fe en Jesucristo, cuánta razón tenía el Apóstol Pablo cuando nos advirtió en aquellos lejanos tiempos lo que nos esperaba. Por esto y por todo lo escrito en la Palabra de Dios me aferro yo a las profecías bíblicas. Sé que todo lo escrito allí encontrará cabal cumplimiento. La palabra de Dios no falla. Observen ustedes mismos la realidad que los circunda. Lean la palabra de Dios y escudriñen las Santas Escrituras. Léanlas con fe sencilla, buscando de todo corazón sólo la verdad. Estoy seguro que la encontrarán  y también comenzarán a  prepararse porque se darán cuenta que tiempos peores que estos nos esperan. Vivimos tiempos difíciles, y estoy seguro de que el camino que ha tomado nuestra sociedad actual desatará tempestades y torbellinos de revoluciones y sediciones que harán correr ríos de sangre a causa de la maldad siempre creciente,  que habita en el corazón de una humanidad que se empecina en el libertinaje.

Dios los bendiga hermanos míos. Aguardemos en la misericordia de Dios y de Jesucristo nuestro Señor. Que Dios nos proteja de tanta maldad y no permita que este espíritu de libertinaje nos engañe, nos domine y nos prenda en sus cadenas de maldad.

Saludos de un hermano de Fe en Jesucristo.

F.D.A.P.

“Palabras para mi madre”

“Querida madre: Cada vez que te miro me doy cuenta de la mujer fantástica y batalladora que has sido toda tu vida…

“Este blog lo inicie sin que tuvieras conocimiento de su existencia…

“Quién sabe un día el Señor, en su infinito amor y misericordia, te traiga a este rinconcito que he creado para alabar el glorioso nombre de nuestro Rey y Señor Jesucristo, a quién se que amas y esperas.

“Estás siempre tan ocupada trabajando y preocupándote por todo, y por todos, que no tienes tiempo para nada. Yo lo sé bien…

“Sin embargo, muchas cosas pueden y deben quedar de lado cuando se trata de adquirir el maravilloso conocimiento de Cristo Jesús, el único que puede sustentarnos en nuestras aflicciones y tribulaciones. Dios te bendiga querida madre y te premie con este excelentísimo conocimiento de la verdad que sólo puede ser hallada en Jesucristo.

“Hoy te vi llorando y me entristecí muchísimo. Sentí una necesidad muy grande de abrazarte y decirte cuánto te amo y te admiro.

“Estas palabras te dedico hoy a ti madre mía. Quiero que sepas que siempre oro por ti y le pido a Dios que te de paz y te muestre mucha misericordia y que, recibiendo el amor de Cristo en tu corazón, puedas tú amar aún más y de todo corazón a todos cuantos te rodean, así, sin interés, como se bien que quieres a todo el mundo.

“Agradezco a Dios en el nombre de Jesús por haber nacido siendo hijo tuyo. Es un orgullo enorme para mí decirle a la gente: ¡Allí está mi madre!

“Que el Señor Jesucristo te bendiga y te proteja de todo daño y de todo mal, es el pedido de mi corazón a mi Dios bendito en el nombre de Jesús. Amén y amén.

“De tu hijo, a quién tú conoces bien: F.D.A.P.

El fundamento verdadero es el amor.

¡Qué duros de corazón resultamos ser los hombres hermanos!
Leyendo las palabras del Apóstol Pablo en su primera carta a los corintios, más precisamente el capítulo 13, en las que habla del amor como el fundamento verdadero de la vida del cristiano, puedo ver, no sólo la descripción más fantástica y formidable que, del amor, encontramos en las escrituras, sino también, la afirmación implícita de que el hombre es duro de corazón y se extravía fácilmente.
¿Acaso no se han preguntado porque el Apóstol se ve en la necesidad de hablar de esta manera cuando está describiendo de forma conmovedora los efectos del amor verdadero en el corazón renacido?
Ya se han preguntado si puede ser posible que un “nuevo hombre en Cristo” pueda sanar a los enfermos y no tener amor; cómo un nuevo hombre en Cristo pueda mover montañas con su fe y carecer de amor; cómo un nuevo hombre en Cristo pueda donar todas sus pertenencias a los pobres, trabajar incansablemente en beneficio de su prójimo, y aún con todo esto, carecer de amor; cómo un nuevo hombre en Cristo pueda hablar todas las lenguas de mundo, poseer todo el conocimiento del universo, conocer todos los misterios y los secretos del Señor y, aún con todo esto, no tener amor en su corazón…
¡Pues sí hermanos! Somos duros de corazón, lentos para entender el verdadero fundamento de la Iglesia de Cristo y la sustancia del evangelio de las buenas nuevas: “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios”. (1 Juan 4; 7-9)
Buscamos los dones del Espíritu y rogamos a Dios por poseerlos. El problema es que nuestras mentes y nuestros corazones se enturbian fácilmente…
“Anteponemos” los Dones del Espíritu Santo al amor, el único fundamento verdadero. Solo teniendo esta verdad presente, este lazo, esta vanagloria ridícula, es que podemos entender porque el Apóstol termina cada una de sus afirmaciones en este capítulo con un aspecto tremendamente negativo: “Soy como pedazo de metal ruidoso, como campana desafinada”, y, “de nada me sirve”… Vemos claramente como Pablo les quita preeminencia a los dones del Espíritu, y pone énfasis en el amor. Porque sabe que somos débiles (cómo él sabía que también lo era él mismo), y que el lazo de la soberbia y la vanagloria nos atraparía inmediatamente… Y lo vemos a lo largo de todas sus epístolas: sus quejas, sus censuras a todos aquellos que se piensan o se tienen por “Apóstoles superfinos”…
Si anteponemos los dones del Espíritu al amor verdadero, de nada nos sirven todos nuestros esfuerzos, todos nuestros trabajos, todos nuestros conocimientos, toda nuestra entrega, toda nuestra fe.
Y es precisamente esto lo que hemos hecho muchos de nosotros hermanos.
Nos hemos envanecido, nos pensamos más que los demás, creemos que somos más importantes que los demás y que merecemos un trato preferencial; creemos que nuestro rol en la Iglesia de Cristo es más importante que el de otros hermanos, olvidando lo que el mismo Apóstol Pablo nos recuerda en esta epístola a los corintios (capítulo 12), acerca del papel de cada uno en el cuerpo de Cristo, que es la Iglesia.
Pero fijémonos hermanos como Pablo nos devuelve los pies a la tierra con una descripción del amor que conmueve nuestros corazones.
Este amor ¡No es un amor imposible!
No es un amor irreal, practicado solo por los Ángeles del cielo…
Es el amor que Dios espera de cada uno de nosotros como la verdadera señal de nuestro renacimiento: un amor puro, casto, que brota como fuente de agua viva, del corazón renacido por el poder del Espíritu de Cristo.
Estoy seguro de que Dios no quiere ver en su Santa Iglesia (que no tiene denominación alguna), a “Eminencias”, “Superhombres”, “Apóstoles Superfinos”, “Artistas” envanecidos por sus superpoderes de fe, sanación, lenguas, profecía, etc…
El Señor quiere ver en su Iglesia a “campeones del amor”: ese amor que nunca se envanece, nunca se irrita, nunca presume, no conoce la envidia ni la grosería, no conoce el rencor ni el orgullo, no aplaude a los malvados, sino a los que hablan con verdad.
El Señor quiere ver a campeones de este amor que puede y debe manifestarse cotidianamente para con todo ser viviente, sin importar adjetivo alguno: raza, color, sexo, ideología, nación… ¡No es cosa nuestra el juzgar a los demás! ¡Demos el juicio al Gran Juez que habita en los cielos sempiternos y está pronto para juzgar a los vivos y a los muertos a su debido tiempo: Cristo Jesús!
El Señor Jesús se delita en los campeones de la justicia, verdad, paciencia, mansedumbre, abnegación, solidaridad, fe…
Dios ama y salvará a todo hombre cuyo corazón todo lo soporta, todo lo cree, todo espera, todo lo aguanta, por amor a Cristo. Amén.
Hermanos: ¡Rindamos nuestros corazones a este amor!
Qué Dios y Jesucristo los Bendigan. Amén.
Los saluda un amigo, un hermano de fe.
F.D.A.P.

…agradó a Dios salvar a los creyentes mediante la locura de la predicación.

Porque la sabiduría de este mundo insensatez es para con Dios; pues escrito está: “Él prende a los sabios en su propia astucia”.

Y, anteriormente, el Apóstol nos marcó el camino a seguir: “Nadie se engañe a sí mismo. Si alguno de vosotros se cree sabio según este mundo, hágase necio a fin de llegar a ser sabio”.

¿Por qué estamos tan perplejos hermanos por los maltratos y las burlas que sufrimos a diario? ¿Por qué nos escandalizan las descalificaciones y humillaciones a las que somos sometidos por nuestra fe? ¿Por qué queremos ganarnos un lugar entre los “sabios” de este mundo? ¿No nos dice el Señor que la sabiduría de los hombres es necedad?

Hermanos, estamos equivocando el camino.

No se cansan mis ojos de ver y mis oídos de escuchar la diaria arremetida de  ‘ciencia contra religión’, ‘ateos contra creyentes’,  ‘agnósticos contra hombres de fe’… Todos los días, por diferentes medios, hombres  muy ‘cultos e inteligentes’, según este sistema de cosas, se siente con la obligación de argumentar su cosmovisión y se explayan largamente sobre temas tales como  justicia, libertad, moralidad, ética e incluso religión…

La gente los mira como ‘hombres de bien’ y los tienen por referentes sociales y culturales…

Pero ¿qué enseñan? ¡NECEDAD!

¿Y por qué esta afirmación tan contundente? La respuesta la tenemos en la realidad que contemplamos  a diario: ¡Cada día estamos peor!

Discursan y dan ‘cátedra’ sobre justicia social. Diríamos que tienen todos los remedios para construir un mundo mejor… lo que vemos es todo lo contrario: cada día hay más hambrientos en el mundo, cada vez hay más pobres y miserables.

Nos hablan de libertad y del placer de vivir y hacer lo que más nos guste… Esta libertad es un espejismo: estamos insertos en un sistema diseñado por ellos, los ricos y poderosos. Somos esclavos de la visión del mundo que ellos nos imponen, del consumismo de masas, y hacemos y decimos lo que ellos nos permiten hacer y decir…

Debaten sobre moralidad y ética: Todo es relativo, nos dicen; todo depende de cómo se vea. Una ‘mente abierta’ es aquella capaz de amoldarse a todas las injusticias y desproporciones del sistema, es aquella capaz de tolerar todos los libertinajes y salvajismos actuales… La ética es un eufemismo barato que muta conforme a la necesidad del momento…

En medio a todo este bombardeo, y como corolario, la opinión generalizada del los ‘eruditos’ de este mundo es la siguiente: “La religión debe desaparecer”.

Han invertido de tal modo la realidad que nos hacen pensar que la culpa de todas las enfermedades de este mundo la tiene la religión.

Ninguna otra civilización ataca tanto a la religión como la civilización occidental: la religión cristiana está bajo fuego intenso y sus atacantes son los mencionados en líneas anteriores: los ricos y poderosos de este mundo y su séquito de lacayos y alcahuetes deseosos de escalar posiciones en la pirámide social.

Nos atacan y combaten por todas partes. No tenemos derecho ni siquiera a creer: de ahí las persecuciones, burlas y humillaciones diarias… Vienen días en que tendremos que ‘prestar juramento’ al nuevo orden establecido si queremos enseñar y vivir libremente: ¡fidelidad absoluta al nuevo Gobierno Ateo- Evolucionista! (Recomiendo este documental que pueden ver Youtube: “Expulsado: No se permite la inteligencia”).

Esto sucede a diario, y yo me sigo preguntando porque los cristianos siguen debatiendo la ‘conformidad’ entre ciencia y religión. Por un momento pensé que se trataba de un método legítimo de defensa. Estábamos movidos por el deseo de defender nuestra fe a toda costa.

Me pregunté hasta dónde queríamos llegar debatiendo con ateos, escépticos y agnósticos sobre moral, libertad, ética e igualdad social… Luego, razonando sobre todo lo que veo, me di cuenta del error.

¿Acaso está mal defender nuestra fe? ¿Es que está mal debatir sobre las ideas de conocimiento,  libertad y moralidad sobre las que están siendo formados nuestros niños?

No, no está mal. ¡Eso está muy bien!

El problema es que no lo hacemos con el arma más poderosa que tiene el cristiano entre manos: la palabra de Dios.

Lo estamos haciendo con razonamientos  humanos.

Queremos convencer de sus errores al ateo-evolucionista más no con la palabra de Dios, como lo dice la biblia: “Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo” (Romanos 10; 17). Lo queremos convencer con los razonamientos mundanos que lo empujaron hacia ese mismo camino. Por eso en los debates entre ateo-evolucionistas y creyentes,  se usa todo tipo de artilugios, menos la palabra de Dios.

Queremos convencer al mundo del salvajismo, corrupción y libertinaje reinante en nuestra sociedad. Más no lo hacemos con las enseñanzas de Cristo. Los queremos convencer de la maldad imperante discutiendo con ateos, escépticos y secularistas, principios de sociología, y buscando soluciones a las aberraciones que vemos en tratamientos psicológicos y psiquiátricos…

¿Cómo puede esta sociedad enferma conocer a Dios de esta manera? ¿Quién se va a aproximar a Dios, si de Dios ni hablamos?

¡Perdiendo el tiempo de esta manera buscamos parecernos a los ‘sabios’ de este mundo!

¡Nos hace falta discernimiento espiritual hermanos!

Luchando con las armas de este mundo estamos perdidos. Debemos luchar con la palabra de Cristo. Ella es la única que convence al hombre de sus errores y lo vuelve de corazón a Dios.

¡Qué no nos escandalicen pues, las burlas y las persecuciones por profesar nuestra fe!

Las humillaciones sufridas por los hombres de este mundo son una estupidez, así como sus enseñanzas.

Recuerden hermanos: “Dios prende a los sabios en su propia astucia”. Y “la sabiduría de este mundo es necedad para Dios”. Y más: “Destruiré la sabiduría de los sabios; frustraré la inteligencia de los inteligentes”. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el erudito? ¿Dónde el filósofo de esta época? ¿No ha convertido Dios en locura la sabiduría de este mundo?

(1Corintios: 1: 18 a 20)

Esto ya nos lo dejaba bien claro el Apóstol Pablo cuando nos decía: “los griegos buscan sabiduría y los judíos señales”… Es una clara alusión a la postura del hombre mundano: unos buscan conocimientos humanos; otros milagros y prodigios que les den una ‘prueba’ de lo que deben creer.

Sin embargo para Dios, sólo es aceptado aquél que recibe a Jesucristo con fe y mansedumbre.

Por eso también nos dice Pablo: “Hermanos, consideren su propio llamamiento: No muchos de ustedes son sabios, según criterios meramente humanos; ni son muchos los poderosos ni muchos los de noble cuna.  Pero Dios escogió lo insensato del mundo para avergonzar a los sabios, y escogió lo débil del mundo para avergonzar a los poderosos.  También escogió Dios lo más bajo y despreciado…

¿Suena despectivo, humillante, no?  …lo más bajo, despreciado…

¡Esto es porque creemos que somos muy inteligentes!

Empero, fue a estos de clase ‘baja y despreciada’ a quienes eligió el Señor.

Por eso hermanos dejemos de intentar convencer a los incrédulos con razonamientos humanos, hagamos caso del Apóstol que también nos dice: “Yo mismo, hermanos, cuando fui a anunciarles el testimonio de Dios, no lo hice con gran elocuencia y sabiduría”. Y más: “No les hablé ni les prediqué con palabras sabias y elocuentes sino con demostración del poder del Espíritu, para que la fe de ustedes no dependiera de la sabiduría humana sino del poder de Dios” (1 Corintios 2: 1 a 5).

“Porque agradó a Dios salvar a los hombres mediante la locura de la predicación”…

Y esto suena a locura, suena a necedad, más esta locura y esta necedad es más sabia y poderosa  que toda la sabiduría de los hombres.

Qué Dios los bendiga, los haga merecedores de esta hermosa sabiduría. Amén.

F.D.A.P.

¡Ay de aquellos que desean ver el día de Jehová!

Hermanos ¿por qué estamos tan fascinados con presenciar el juicio del Señor? ¿Qué nos atrae tanto? ¿Es que acaso no leemos la biblia? O mejor ¿Entendemos lo que leemos?

Comencé este breve artículo con una rotunda sentencia del Profeta Amós:

¡Ay de los que desean ver el día de jehová! ¿Para qué queréis este día de Jehová? Será de tinieblas, y no de luz; como el que huye de delante del león, y se encuentra con el oso; o como si entrare en casa y apoyare su mano en la pared, y le muerde una culebra. ¿No será el día de Jehová tinieblas, y no luz; oscuridad, que no tiene resplandor?

Es dolorosa la realidad que contemplan mis ojos: la veo cuando observo las “comunidades cristianas” actuales… la veo cuando me observo a mí mismo…

Nuestras ‘palabras y nuestras inclinaciones’ son unas; nuestras acciones son otras… Vamos a contramano de lo que decimos sentir y profesar…

Nos cuesta muchísimo reformar nuestras costumbres. La sociedad materialista, egocéntrica e individualista en la que vivimos nos tiene somnolientos, atrapados, encadenados.

¿Por qué deseamos tanto ver el día del Señor si no estamos preparados para él?

¡Cada día los cristianos nos asemejamos más al rebelde Israel!

Al pueblo elegido que afirmaba –Amós 5; 14- que Dios estaba entre ellos, más cuyos corazones estaban insertos de lleno en la maldad…

No hay página o Blog cristiano en internet en dónde no se encuentre este ‘fervor’ por ver el día del juicio de Dios. Sin embrago: ¡Qué lejos están estos corazones del Señor Jesús al que tanto esperan!

¡Nadie hace justicia, todos viven para sí mismos!

¡Nadie ayuda a nadie!

Todo progreso o éxito mundano es considerado como una prueba de que la aprobación y bendición del Todo Poderoso nos acompaña… Si no has triunfado aún en este sistema de cosas, es que no has sido bendecido o, a lo mejor, Dios todavía no se acuerda de ti…

Mientras tanto, parientes, vecinos, amigos, pasan necesidad y hambruna, más el ‘pueblo elegido’ de Cristo continúa ciego a todo lo que lo rodea.

¡No puede ver más allá de su propio egoísmo!

Permanece lleno de ‘pecados ocultos’; pecados disimulados por la apariencia de religiosidad…

Corazones endurecidos por el odio, el rencor, petrificados en la ignorancia; disimulada por la concurrencia a ‘templos evangélicos’…

Vidas cargadas de egoísmos y acaparamientos; disimulados por la falsa idea de piedad, representada en la entrega de un diezmo que -en la mayoría de los casos- va a llenar los bolsillos de un pastor corrupto…

¡Cuánta hipocresía y falsedad llenan la vida y los corazones de los cristianos actuales!

¿No retumban en vuestros oídos, en vuestras memorias; no chocan vuestros ojos los horrores del holocausto del pueblo hebreo?

En aquellos tiempos los nazis comandados por Adolf Hitler se esforzaron sobremanera por borrar al pueblo Judío de la faz de la tierra. 

¡No hubo en la historia de la humanidad terror más grande!

Más… ¡Deberíamos prestar atención a lo que leemos!

¿No está profetizado por los Apóstoles y profetas del Altísimo que el pueblo elegido de Cristo sufrirá una persecución semejante en el final de los tiempos?

¡No sólo semejante sino aún peor!

Y si no estamos preparados…

Y si no estamos velando como Cristo manda…

Y si no hay en nuestras vidas justicia y verdad…

Y si sólo hallamos en nuestros caminos perversión y falsedad, hipocresía y apariencia. ¿Para qué deseamos tanto ver el día del Señor?

Antes bien debemos escuchar y poner en práctica las palabras del Profeta Amós: “Aborreced lo malo y amad lo bueno; estableced la justicia en juicio”; “Buscad lo bueno y no lo malo para que viváis”; “Buscad a Jehová y vivid”.

¡Busquemos al Señor Jesús primero hermanos!

No deseemos el día del juicio y la calamidad que vendrá sobre los habitantes de la tierra, sin estar nosotros preparados para ese “Gran día de Jehová”.

Gran tribulación y persecución esperan al pueblo de Cristo en los últimos tiempos.

Días de sufrimiento, oscuridad y tinieblas, como dice Amós.

El que esté confiando en fábulas de “Raptos” esperará en vano y perderá su fe…

El que esté confiando en la ‘justicia del hombre’ aceptará el “pacto” del Anticristo…

El que esté confiado de su ‘propia inocencia y bondad natural’ morirá…

Sólo los que estén firmes en Cristo Jesús perseverarán hasta el final, no confiando en ellos mismos, ni en sus obras, sino sólo en Aquél que salva por Fe: ¡Jesucristo!

¡Sin una Reforma profunda del Espíritu Santo en tu corazón, no estés deseando con fervor el día de Jehová!

Permitamos y oremos en nombre del Señor Jesús, que su Espíritu Santo transforme nuestras vidas y no nos sorprenda la oscuridad final sumidos y confiados en nuestra propia arrogancia y falsedad. Amén.

F.D.A.P.

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