Romanos 7: ¿estaba Pablo hablando de sí mismo?

Bendiciones hermanos. Pocas palabras quiero dejarles hoy, más quiero que este breve escrito, como es siempre mi intención, los conduzcan a buscar un mejor conocimiento de la palabra de Dios, primeramente, y aconsejarles a que también busquen este conocimiento en los escritos de hombres santos e ilustres que han dedicado sus vidas al servicio del Señor. Ellos han cuidado el rebaño de Cristo y se han esforzado, según la luz y el conocimiento que les fue dispensado por medio del Espíritu Santo, quién por su sabiduría divina, los instruyó en temas de tan difícil comprensión, capacitándolos así para enseñar, enriquecer y proveer de mucho consuelo y fortaleza a toda la grey de Cristo. Celebremos, como cristianos, el trabajo de todos estos santos hombres, enviados por Dios para consolar a su pueblo en todas las eras, en todos los siglos; si buscamos bien, siempre hallaremos a algunos varones designados, eso creo yo, por la providencia divina, para ilustrar a su pueblo en todas épocas. Estos han sido hombres desinteresados, simples, sencillos de corazón, que no se entretenían con formalismos, rituales y cosas externas… Sostuvieron grandes luchas, consigo mismos algunas, y feroces batallas por fuera, contra todos los enemigos declarados del pueblo de Dios y su evangelio. Estos enemigos son todos los ‘falsos santos’, fundamentalistas y formalistas, sean de la denominación que sean, mucho más preocupados en agrandar sus templos de piedra, llenar sus arcas con las limosnas de los fieles, monopolizar la Palabra de Dios como algo de interpretación exclusiva de ellos, negando así el sacerdocio eterno de TODOS LOS FIELES, negando también el poder, la capacidad y libertad del Espíritu Santo de cautivar los corazones y mentes de todos y cada uno de los hijos de Dios, dando a cada uno UN DON DIFERENTE, y más que útil para beneficio de toda la congregación.
Sé que aquí aparecerá algún malvado comentario buscando injuriar a más de uno de estos santos hombres. Muchos dirán que Lutero y Calvino cometieron graves errores. ¡Yo no lo negaré! Pues eran hombres, como yo, y como cualquiera de ustedes que leen esto hoy.
¡Todos nos equivocamos! ¡Todos comentemos errores! ¡Todos pecamos!
Y viene muy bien traer a la memoria los nombres de estos dos grandes hombres, que son para mí, los responsables de la ‘libertad’ que gozan hoy la iglesia y evangelio de Cristo: Martín Lutero y Juan Calvino.
En un escrito anterior, también señalé allí los nombres de otros tantos hombres santos que, junto con ellos, forman parte de este grupo de personas elegidas por Dios para guiar a su pueblo al entendimiento de su palabra.
Hermanos: no es la primera vez que escribo sobre esto, por eso quiero volver a reiterarles que si ustedes quieren realmente comprender la palabra de Dios, deben, no solamente estudiarla, sino, muy especialmente, no dejarse llevar por todo lo que les digan… Para todas las cosas busquen el conocimiento que sólo Dios nos puede dar. Busquen discernir el sentido de las escrituras; usen también el sentido común; hay quienes creen cualquier cosa que se les dice por el hecho de que no quieren pensar o los consume la pereza de leer y buscar por sí mismos la verdad…
No les digo esto para que ustedes se embarquen en discusiones y contiendas con otros hermanos. ¡No!
Lo digo para incentivarlos a leer la palabra de Dios y buscar personalmente ese contacto más íntimo con nuestro Señor Jesucristo.
Este contacto trae beneficios y bendiciones de toda clase para nuestras vidas, pues nos hace entender de corazón la verdadera voluntad de Dios para nosotros y comprender mejor su palabra.
Y para entrar de lleno en lo que les quiero decir brevemente, observen el título de esta publicación: tal vez no hay en el nuevo testamento un capitulo que haya generado tanto debate como este.
Romanos 7: la ‘dualidad’ del hombre expresada en toda su magnitud, por uno de los más grandes Apóstoles de toda la historia del cristianismo, Pablo, autor del 50 % del nuevo testamento.
Durante siglos se discutió si Pablo, en este capítulo, estaba hablando de sí mismo, como un hombre regenerado por la gracia y el espíritu de Cristo, o si hablaba en sentido figurado, describiendo la experiencia de un ‘inconverso’, o sea, un hombre que no conoce, ni ha gustado, el poder y la salvación gratuitas de Dios en Jesucristo.
Para mí siempre fue unos los temas de más difícil comprensión. Yo me decía a mismo: ‘Pablo no puede estar hablando de sí mismo’… son palabras muy fuertes, son confesiones muy fuertes… yo creía que Pablo más bien hablaba de su antigua vida como fariseo, o sea, un conocedor de la palabra de Jehová, que se sentía y se sabía impotente en lograr alcanzar la justicia que la ley de Dios exigía. Y por esto se lamentaba de sí mismo: “Miserable de mí”…
No fue hasta que leí los escritos de San Agustín, y los mismos de Lutero y Calvino. Allí fue cuando comprendí que el Apóstol hablaba de sí mismo.
Entonces vi y entendí lo que hasta entonces le sucedía a mi vida y yo me negaba a aceptar: ‘que somos débiles, que no hacemos todo el bien que queremos, que muchas veces hacemos el mal que no queremos hacer, que en el fondo de mi corazón me deleito en la Ley de Dios, pero veo otra fuerza activa en mí que se rebela contra la ley de mi mente y me conduce al error’…
Ustedes pensarán que esto está mal, seguirán buscando una excusa, llenándose de culpabilidad, dirán una y otra vez que esto no puede ser verdad, que los hijos ‘regenerados’ de Dios, ‘nacidos de nuevo’, no pueden pecar… Cuánto tiempo pensé así y no encontré consuelo para mí mismo… Me sentí tantas veces como un hombre en el que existían dos voluntades, dos inclinaciones… y no quería entender que estaba inmerso en la lucha espiritual de la que tanto se nos habla en la palabra de Dios.
Hermanos esto es así. Y justamente es así para que dejemos de ‘pensar tan bien de nosotros mismos’. Para que ustedes ‘desesperen de su propia justicia, desistan de sus tan amadas buenas obras’… Dejen de creer que ‘pueden cumplir’ cabalmente la justicia que la ley de Dios exige. Sé que esto sonará duro para algunos de ustedes y más de uno me criticará… Me dirá que yo estoy diciendo que está permitido pecar y que Cristo no es ministro de pecado. A los tales, desde ya les digo que yo pienso igual en lo referente a esto último: ¡Jesucristo de ninguna manera es ministro de pecado! Sin embargo les pido que se miren con sinceridad a ustedes mismos y que se observen detenidamente solo por un momento. Díganme si ustedes no ven cumplirse en sus mismas vidas estas palabras y estas quejas de Pablo. Lean atentamente este capítulo: describe perfectamente el conflicto que sufre y siente el ‘creyente verdadero’. Yo no escribo esto para que crean que si las cosas son así y no hay remedio, entonces podemos pecar, pues igual, Cristo nos entiende… ¡De ninguna manera!
En verdad lo escribo para que ustedes no pierdan el consuelo que nos da la palabra de Dios bien entendida. Pablo aquí, en este capítulo, describe su experiencia cristiana años después de haberse convertido con todo su corazón a Jesucristo. Las palabras del Apóstol reflejan claramente que habla de sí mismo, y como debe luchar y mantenerse firme, y por fe, en la salvación y la gracia dispensadas por la misericordia de Dios.
Más arriba dije que muchos quieren hacerse los ‘Apóstoles superfinos’, llenándose de ‘su propia justicia’, creyéndose ‘absolutamente libres’ de todo pecado y, más aún, creen que pueden cumplir absoluta y santamente lo que la ley de Dios exige… olvidan los tales que aún en nuestros mejores momentos, todas nuestras obras son como trapos de inmundicia para Dios… así lo dice Isaías 64: 6: “Estamos todos infectados por el pecado y somos impuros. Cuando mostramos nuestros actos de justicia, no son más que trapos sucios. Como las hojas del otoño, nos marchitamos y caemos, y nuestros pecados nos arrasan como el viento”.
Estos son los que se creen libres de todo pecado y ponen sobre los fieles cargas que ellos, ni siquiera con el dedo, desean tocar… Pero la Palabra de Dios bien entendida es bálsamo de consuelo para sus hijos, que buscan comprenderla mejor, para así, conocerse mejor a sí mismos…
Por esto mismo hermanos si ustedes están luchando contra el pecado, contra todo tipo de tentaciones y son vencidos y caen derrotados, no se dejen amedrentar por estos ‘pastores superfinos’, que se creen ‘libres de toda contaminación’, los mismos que les dicen que ustedes han ‘caído de la gracia’ de Dios y de Jesucristo, pues los únicos que caen de dicha gracia y salvación son los que definitivamente se apartan inicuamente de Dios. Para el que lucha y vuelve a ponerse de pie, y a través del Espíritu Santo, busca imponerse a todas las adversidades, pruebas y tentaciones, le esperan la misericordia y la gracia infinitas de Jesucristo, pues el Señor no es un ‘Sumo Sacerdote’ que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue ‘probado en todo’, igual a nosotros, pero sin pecado, y su justicia nos es imputada a nosotros por fe gratuitamente.
A los que se creen libres de todo pecado y de toda impureza, yo les pediría que se analizaran mejor a sí mismos, pues si el más grande de los Apóstoles, como lo fue sin duda Pablo, describe tan amargamente sus miserias y sus luchas, y tuvo la humildad y el coraje de asumir tamaño conflicto interno, tal vez ustedes moralistas baratos, que tergiversan la palabra de Dios, estén preñados de su propia falsa justicia…
Hermanos: la palabra de Dios BIEN ENTENDIDA, es fuente de vida y consuelo para los fieles que quieren agradar al Señor.
Otra vez lo repito: no incentivo a nadie a pecar, sí escribo esto, es para todos los que están buscando agradar a Dios en la carne o mediante sus buenas obras…
¡Los tales no saben lo que hacen!
Deberían leer el capítulo 7 de romanos y ser más humildes…
El Señor conoce nuestros esfuerzos y conoce también las intenciones de los corazones.
Yo no busco excusas para mis propios errores y pecados, antes, prefiero asumir abiertamente que soy pecador y me equivoco muchísimo, y esperar que Cristo en su misericordia me ayude día a día a seguirlo. Pues a Cristo no sólo le pido salvación sino también que me ayude a seguirlo. Que me ayude a tomar mi cruz y seguir sus pasos día a día.
Hasta aquí los he guiado en estos breves comentarios. Quisiera que ustedes leyeran el capítulo 7 de la epístola a los Romanos y buscaran mirarse detenidamente a ustedes mismos. Luego, busquen en los comentarios de Agustín, Calvino y Lutero, entre otros tantos hombres santos, la interpretación que ellos le han dado a este pasaje de las escrituras. Este material está disponible de forma gratuita en internet para todos ustedes. Creo no contradecirlos en nada con lo que he descrito aquí.
Hermanos de fe en Jesucristo: no pierdan la esperanza, la fe, la alegría de vivir cristianamente sus vidas, crean por sobre todas las cosas en la gracia inmerecida que recibimos del Señor Jesús todos los días. Vivimos porque Él así lo quiere, no porque haya algo bueno en nosotros: ‘He descubierto el siguiente principio de vida: que cuando quiero hacer lo que es correcto, no puedo evitar hacer lo que está mal’… No olviden ser agradecidos a Dios y a Jesucristo por su misericordia infinita, su paciencia, longanimidad, amor incondicional… y esto es día tras día…
Qué nadie les quite su gozo y las ganas de seguir luchando por transformarse cada día más en un mejor cristiano y mejor discípulo de Jesucristo. Si caen, vuelvan a levantarse, sigan combatiendo, sigan aprendiendo, no desistan nunca. La gracia de Dios y de Jesucristo esté con ustedes todos los días. ¡Busquen el conocimiento!
Los saluda un hermano de fe: Fernando Acuña.

 

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“Y el que no tiene espada, venda su manto y compre una”.

Hermanos de fe, que están esparcidos por los cuatro puntos cardinales, les mando un saludo cariñoso en Cristo. El día de hoy estuve leyendo a un predicador Inglés del siglo XIX llamado J. C. Ryle. Es un campeón del evangelio al estilo de la ‘vieja escuela’, y de una nación que nos ha dado además, a hombres eminentes, tales como Charles Spurgeon, Matthew Henry, C. S. Lewis, entre otros, por citar nada más a lo que yo he leído.
Entre las tantas obras de John Charles Ryle, una en especial, llamada ‘Santidad’ (disponible de forma gratuita en internet para que cualquiera la pueda consultar), es una obra fantástica y de mucha riqueza espiritual. En ella se expone de manera concisa el camino que debe proseguir el ‘cristiano genuino’, el ‘creyente verdadero’ y, especialmente, se describe el ‘proceso’ de santificación, como batalla, conflicto, guerra, etc…
No se habla de conflicto, batalla o guerra, al estilo mundano, con ‘armas reales’, con agresividad, violencia hacia otros hombres o hermanos, no. Se habla de ‘guerra’ en forma ‘espiritual’. Porque las ‘armas’ del cristiano, como dice Pablo, ‘No son carnales’, ‘sino Espirituales’, porque tampoco tenemos lucha contra ‘carne y sangre’, sino contra ‘potestades espirituales, contra los gobernadores de este mundo de maldad’. En el capítulo IV de este libro se habla de ‘LA PELEA’, aquí se describe esa batalla interna que sostiene el ‘cristiano genuino’. Ahora ustedes se preguntaran por qué uso la expresión: ‘Cristiano genuino’ o ‘Creyente verdadero’. La uso porque estoy cansado ver ‘religiosidad’, formas externas de piedad… Se quiere ‘aparentar’ mucho, exteriorizar mucho… Pero eso no es garantía de salvación, ni mucho menos de santificación. Si concurrir a una iglesia me garantizara a mí la salvación, si cumplir externamente con ciertos rituales una o dos veces a la semana me hiciera ‘más santo’, concluyo que todas las iglesias estarían llenas de ‘santos’… Pero mmm… sospecho que esto no es bien así.
Hermanos: todo lo que han leído aquí, en este pequeño rinconcito que hice para describir mis experiencias y compartir con ustedes todo lo que Dios me enseñó a lo largos de estos años, todo esto, fue hecho en silencio… Yo, Fernando Acuña, nunca me congregue. Yo no sé qué es entrar a una iglesia. Me bautizaron como católico, pero yo era pequeño y no tenía conciencia de lo que me hacían… Luego, como suele ocurrir en muchas ocasiones, nunca más concurrí, nunca tome comunión, ni tampoco consulte con sacerdote, cura o pastor evangélico alguno en mis 35 años de vida. ¡Dios sabe que no miento! Tal vez les parezca extraño que hablé de Jesucristo, de profecías, de la biblia y de todos estos asuntos de manera tan suelta… No lo digo con soberbia, de hecho, yo sé que nada de esto se debe a ‘mi propia sabiduría’, yo estoy seguro de que Dios, quién me llamó en Cristo Jesús, es el que me muestra todas estas cosas. Por lo tanto, no me jacto en mí mismo, sino antes alabo la misericordia de Dios.
Si pueden ustedes ver en mí, o identificar en mí, la acción de Jesucristo y la presencia de su Espíritu, entonces me declaro feliz. Porque tengo presente esto cuando yo mismo analizo a alguien: “Por eso les advierto que nadie que esté hablando por el Espíritu de Dios puede maldecir a Jesús; ni nadie puede decir: «Jesús es el Señor» sino por el Espíritu Santo”.
Espero que ustedes también piensen en esto, sepan disculpar mis errores y me juzguen a través del Espíritu de Jesús.
Volviendo a lo que estábamos y para comentar brevemente algo de lo que me dejo la lectura de este hermoso libro: ¿cuál es la señal que me indica que estoy ante un ‘creyente genuino’?
¡La señal de la batalla, del conflicto interno!
Todo ‘cristiano verdadero’ esta enrolado en esta batalla: la batalla contra el mundo, contra la carne y contra el enemigo de nuestras almas, el diablo.
La lectura de este libro arroja mucha luz sobre los conflictos internos del cristiano, sobre esta guerra espiritual. Leyéndolo, pude ver la cantidad de veces que se describe en la biblia a la fe verdadera como una batalla, y al cristiano verdadero como un soldado. Esa es la verdad hermanos. Nuestra Fe es genuina si logramos ver en nosotros este conflicto y a nosotros mismos como soldados que estamos de lleno en él.
Como dice J. C. Ryle, ver este conflicto en nosotros mismos puede muchas veces hacernos desesperar, sin embargo, puestos los ojos en Aquél que sostiene al creyente, Jesucristo, obtendremos consuelo para nuestras almas. Pero, más preocupante de cómo estamos enfrentando esta Guerra, su costo emocional, nuestros tropiezos, errores, batallas perdidas, heridas causadas, nuestro grado de fe para enfrentarnos a todos estos peligros, etc., repito, ‘Peor’ que todo esto, es no tener este conflicto en absoluto… es no sentir nada… es seguir por el mundo, comprando y vendiendo, generando ganancias a cualquier precio, comiendo y bebiendo, divirtiéndose como si todo esto no fuera a terminarse nunca, sin avanzar más en nuestro deseo de ver y estar con Cristo y todos los santos, haciendo de este mundo un hogar permanente al cual no queremos abandonar por nada… ¿No conocen a muchos que se llaman a sí mismos cristianos y se comportan así? Viven sin sentir ningún pesar, no se duelen por nada, no quieren ni hablar de lucha, batalla, mucho menos guerra… No se privan de nada. Parece que están en ‘paz’ con el mundo y consigo mismos…
En este mundo todos tenemos obligaciones, no podemos sustraernos de nuestras propias responsabilidades, debemos trabajar, pagar impuestos, mantener una casa, una familia, hijos, son muchas las preocupaciones. Nadie los está llamando a dejar de lado todas sus obligaciones. Se les está pidiendo que no se AMOLDEN a este mundo… AMOLDARSE en este sentido es No PARECERSE, No UNIRSE, No ADHERIRSE…
Y los que se hacen llamar cristianos, pero viven CONFORME al mundo, son los que no sienten, ni ven en sí mismos este conflicto del cual hablamos aquí. Y es justamente, como dice J.C. Ryle en este libro, es este conflicto en nosotros, esta lucha sin tregua, sin cuartel, sin descanso, la que nos conduce diariamente a la santificación. Es el deseo de vernos libres de todo lo malo que aún vive en nosotros, porque aún vivimos en este cuerpo débil, y por lo tanto, la perfección parece una quimera, una ilusión, algo difícil de alcanzar… Y como somos ‘imperfectos’ debido a nuestra debilidad, entonces tenemos este conflicto. Recuerdo en este momento las palabras de Jesucristo en Getsemaní: ‘Velen y oren para que no cedan ante la tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil’…
Qué bien nos hace buscar el conocimiento y también compartirlo con otros hermanos de fe. Yo comparto con ustedes todas estas cosas porque quiero de alguna manera alentarlos, fortalecerlos, para que todos los que estén pasando por este conflicto, para que todos los que estén enrolados en esta batalla sepan que no están solos y que nada ‘raro’ o de ‘otro mundo’ les está sucediendo. Lean las epístolas de Pablo, Santiago, Pedro, Judas… Lean también los escritos de hombres eminentes en la fe como los que nombre más arriba. Lean esta hermosa obra de Ryle: Santidad. Y en ellas verán este conflicto descrito y con lujo de detalles.
Yo sé que ustedes en algún momento se han preguntado si verdaderamente tienen en ustedes al Espíritu Santo de nuestro salvador Jesucristo. Yo también me hice la misma pregunta. He buscado textos que me indiquen las ‘señales’ de la presencia del Espíritu Santo en mí. Y quiero contarles que he encontrado y me he quedado muy sorprendido al ver como muchos hombres de fe describen la presencia cierta y la obra del Espíritu Santo a través de este conflicto que tenemos y vemos en nosotros mismos. Porque también es cierto que la duda azota al creyente verdadero. Entonces obtenemos de Dios consuelo, y podemos saber con seguridad que por más que en muchos momentos nos sentimos atribulados y afligidos y pensamos que sólo nosotros enfrentamos todo esto, podemos estar tranquilos de que Cristo conoce nuestra lucha en contra de tantos enemigos, y que Él mismo nos da fuerzas para vencerlos. Además vemos y comprobamos que otros hermanos de fe también están en la misma batalla que nosotros.
Yo no le escribo esto al que no tiene este conflicto. Tal vez no sepa él nada de esta guerra y no este enterado que para ser santo primero hay que ser soldado… A los que tienen este conflicto diario les pido que no se desesperen. Que se mantengan firmes y sigan peleando la buena batalla de la fe. Aquí les dejo un pedacito de esta obra de Ryle, cómo califica, tanto a los que viven este conflicto, como a los que ni siquiera saben que existe: “Podemos tener consuelo sobre nuestras almas si sabemos algo de una lucha interior y un conflicto. Es el compañero invariable de la genuina santidad cristiana. No lo es todo, estoy bien enterado, pero es algo. ¿Encontramos en nuestro corazón una lucha espiritual? ¿Sentimos algo de la carne lujuriosa contra el espíritu y el espíritu contra la carne, de modo que no podemos hacer las cosas que queremos? (Gal. 5:17) ¿Somos conscientes de dos principios dentro de nosotros, dispuestos por la maestría? ¿Sentimos algo de guerra en nuestro hombre interior? ¡Bien, gracias a Dios! Es una buena señal. Es una prueba muy probable de la gran obra de santificación. Todos los verdaderos santos son soldados. Cualquier cosa es mejor que la apatía, el estancamiento, la muerte y la indiferencia. Estamos en un estado mejor que muchos. La mayoría de los llamados cristianos no tienen ningún sentimiento en absoluto. Evidentemente no somos amigos de Satanás. Como los reyes de este mundo, no lucha contra sus propios súbditos. El mismo hecho de que nos asalta debe llenar nuestras mentes de esperanza. Digo otra vez, vamos a tener consuelo. El hijo de Dios tiene dos grandes marcas sobre él, y de estas dos tenemos una. ÉL PUEDE SER CONOCIDO POR SU GUERRA INTERIOR, ASÍ COMO POR SU PAZ INTERIOR.”
Ahora también te preguntarás: ¿y a qué viene el título entonces?
“Y el que no tiene espada, venda su manto y compre una”. Quiero que sepas hermano que este título se me vino a la mente cuando leí este libro. Esta frase de Jesucristo se encuentra en Mateo 26: 36. Aquí Jesucristo está hablando con sus discípulos sobre todo lo que le sucederá. Él sabía que su muerte estaba próxima y que sus discípulos tendrían que ser valientes y prepararse para la ‘batalla’. Ahora el pasaje es fantástico porque nos habla de “batalla espiritual” que los enemigos del reino de Dios desatarían sobre los seguidores de Jesús. Aquí Jesús ‘No’ les pide a sus discípulos que compren ‘espadas reales’… recuerden que las armas del cristiano no son carnales, no son de este mundo, sino espirituales. También tengan presente que más adelante cuando Jesús va a ser apresado por los soldados mandados por el sanedrín, Pedro hirió a un soldado cortándole la oreja y Cristo lo reprendió severamente: ‘Mete la espada en la vaina’. Ellos aún no entendían que Jesús se refería al conflicto espiritual, por eso en ese pasaje le dicen: “Mira Señor -le respondieron-, contamos con dos espadas entre nosotros.” Y Jesucristo les dijo: ¡Basta!
Este es el aviso, esta es la advertencia de Jesucristo para nosotros hermanos. Mejor es que ‘vendan todo’ y compren una ‘espada’. Esta espada es su palabra. Ella no se ‘compra’, no tiene precio, nos fue dada gratuitamente. Lo que se nos quiere decir es que invirtamos todos nuestros esfuerzos en aprender a usar las ‘armas’ de Jesucristo: su amor, perseverancia, paciencia, fe… Sólo así podremos resistir los tiempos difíciles y tempestuosos que se abaten sobre todos los creyentes verdaderos. Yo quiero exhortarlos a que busquen el conocimiento. A que entiendan el camino al cual fueron llamados. Y cuando estén inmersos en la batalla obtengan de Dios y de Jesucristo el consuelo que los fortalezca y aliente. Recuerden que no hay peores cadenas que aquellas que el prisionero ni ve ni siente… Por eso si ustedes sienten el peso de su miseria y de su debilidad, sólo por un momento alégrense, confíen en Jesucristo. Este sentir es mejor que no sentir nada. Esfuércense y sean valientes. Más próxima está de nosotros la victoria y la salvación de cuando empezamos a creer.
Bendiciones para ustedes y que Dios los guarde de todo mal.
Fernando Acuña.

 

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¡Linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios!

Hermanos bendiciones en nombre de Jesucristo. Nosotros somos como este título lo pronuncia a grandes voces: “LINAJE ESCOGIDO, REAL SACERDOCIO, NACIÓN SANTA, PUEBLO ADQUIRIDO POR DIOS.”
Hermanos de fe, entre las muchas cosas con las que tropezamos a diario, tal vez la más grande sea esta: la falta de conciencia de que TODOS somos un REAL SACERDOCIO para Dios.
Somos ‘ministros’ para Dios. ¡Sí cada uno de nosotros!
Ser ‘sacerdotes’ para Dios es poder presentarnos delante de Él y ofrecer ‘sacrificio de labios’, oraciones, alabanzas, y este privilegio lo tenemos TODOS los cristianos, TODOS los que hemos nacido de nuevo en Cristo. En efecto, podemos presentarnos cada día delante de Dios Padre y, por medio de Jesucristo, el Único Mediador entre Dios y los hombres, ministrar, ofrecer a Dios una alabanza, una plegaria, un agradecimiento.
Nosotros hemos estado engañados durante mucho tiempo. O mejor, pocos han engañado a muchos… Si miramos un poco la historia de la Iglesia, ella fue ‘pura’, sólo en sus inicios. Ya al tiempo de morir los Apóstoles comenzó el engaño en la congregación del Señor. Lobos rapaces vestidos de oveja se infiltraron y empezaron de a poco a pervertir el orden establecido. En el principio había igualdad, estaban las ‘columnas’, como dice Pablo, existía un ‘orden’, una disciplina, ministros que enseñaban y cuidaban del rebaño de Cristo con amor. No se ‘enseñoreaban’ del pueblo de Dios. Tenían presente las palabras de Jesucristo: “Así que Jesús los reunió a todos y les dijo: «Ustedes saben que los gobernantes de este mundo tratan a su pueblo con prepotencia y los funcionarios hacen alarde de su autoridad frente a los súbditos. Pero entre ustedes será diferente. El que quiera ser líder entre ustedes deberá ser sirviente, y el que quiera ser el primero entre ustedes deberá convertirse en esclavo. Pues ni aun el Hijo del Hombre vino para que le sirvan, sino para servir a otros y para dar su vida en rescate por muchos»”.
Sin embargo esta situación cambió muy rápidamente y en poco tiempo aparecieron hombres impíos que se ‘adueñaron del rebaño’ y lo trataron como a esclavo. Tiranizándolo, se impusieron a ellos mismos por encima de muchos, y también impusieron sus propias enseñanzas y se olvidaron de Dios. Este es el origen de los ‘sacerdocios’ que vemos hoy en día. Gente que ‘viste diferente’ marcando el contraste con el ‘simple’ feligrés… Imponiéndose a sí mismos por encima de la congregación, se engalardonaron con vestidos y cargos inventados por ellos mismos… ¡Amantes del poder y soberbios!
Algunos dirán: sí, la Iglesia Católica es fiel representante de esta descripción. Y es cierto hermano, sin embargo, por mirar la paja en ojo ajeno, o tal vez por ignorancia y ceguera espiritual, dejas de ver que los ‘pastores’ en muchas iglesias evangélicas hacen lo mismo. No permiten que muchos hermanos usen los dones que recibieron de Cristo para ministrar a otros hermanos. ¡Ellos solos quieren ser el centro de la atención!
Y no estoy disputando lugares o preeminencias con algunos… ni queriendo ser ‘yo’ el centro de la atención. Lo que quiero, lo que busco siempre, Dios sabe que no miento, es que USTDES, SÍ, CADA UNO DE USTEDES, logre darse cuenta de que Dios tiene un propósito y un plan específico para CADA UNO DE USTEDES. ¡Eso mismo! Dios nos impuso a CADA UNO DE NOSOTROS UNA MISIÓN. El descubrir esta misión, o sea, entender qué es lo que Dios quiere que hagamos, ese debe ser nuestro foco, nuestra atención debe estar dirigida a esto, como dice Pablo: “No sean tontos, mejor traten de entender cuál es la voluntad del Señor”.
Hermanos: tenemos la obligación de ‘entender personalmente’ el mensaje de Jesucristo. ¡JESUCRISTO MURIÓ POR TODOS! ¡MÁS LA SALVACIÓN DEBE SER ‘ENTENDIDA PERSONALMENTE’ POR CADA UNO DE NOSOTROS! Cuando digo ‘entendida’, me refiero a que cada uno de nosotros debe ‘esforzarse’ por conocer más a Dios. Recibir directamente de Él, consuelo, conocimiento, poder, y desarrollar la capacidad de ministrar a su vez este consuelo, conocimiento y poder a todos los hermanos que forman parte del pueblo de Dios. Lo que quiero decir es que, mientras tú estás ahí, cómodamente sentado, esperando que otros te consuelen, que otros te den conocimiento, que otros te hagan fuertes en el Señor, no vas a AVANZAR en tu CARRERA cristiana. Estas desperdiciando, mejor dicho, no estás buscando hacer uso de los dones que has recibido de Jesucristo cuando Él te dio su Espíritu Santo. Conoces la parábola de los talentos: “Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes.
A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos. Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor. Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos. Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.
Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes”.
Esta enseñanza de Jesús demuestra claramente que TODOS hemos RECIBIDO un TALENTO especial de parte de Él. UN DON DEL ESPÍRITU. Es nuestra OBLIGACIÓN entender, descubrir, cuál es ese DON. Y la mejor manera de hacerlo es meditando en la obra del Señor. Es buscando una relación más profunda y personal con Él. Y esto viene cuando entiendo que Jesús, murió por mí. Cuando entiendo la salvación de una manera personal. Vuelvo a repetirlo: Jesucristo murió por los pecados de todos, y no sólo por los míos, sin embargo, yo desarrolle más comunión, entendí mejor los planes de Dios cuando ‘entendí’, que al morir por mí, Jesucristo tenía una PLAN ESPECÍFICO Y ESPECIAL PARA MÍ.
Ahora quiero comunicarme más directamente con mi salvador. Quiero estar más íntimamente unido a Él. De esta manera, espero recibir la gracia y la luz de Cristo de manera más personal. Para que REALMENTE JESUCRISTO CAMBIE MI VIDA. PARA VIVIR SU MENSAJE. PARA NO SER SOLAMENTE OIDOR DE LA PALABRA, SINO HACEDOR DE ELLA. Y si puedo relacionarme así con mi Salvador, entonces Él va a comunicarme los dones que me dio. Y yo voy a estar en entera libertad de usarlos para poder ayudarlos a ustedes también. ¡PORQUE PARA ESTO ME FUERON DADOS! ¡PARA MINISTRARLOS, POR MEDIO DEL ESPÍRITU SANTO, A FAVOR DEL PUEBLO DE DIOS!
Entiendan hermanos porque es tan importante tener conciencia de que TODOS SOMOS SACERDOTES PARA DIOS EN CRISTO. Todos estamos en IGUALDAD DE CONDICIONES ANTE EL SEÑOR. NO HAY GRANDES NI PEQUEÑOS. DIOS NOS LLAMÓ A TODOS EN UN MISMO ESPÍRITU.
Somos nosotros los que tenemos que descubrir la voluntad de Dios para nosotros y caminar en obediencia a sus planes. Hay MULTITUD de DONES, pero todos somos edificados por el mismo Espíritu, por eso TODOS somos IMPORTANTES Y ÚNICOS para el Señor. YO NO LLAMO A NADIE A LA REBELIÓN, SINO A ENTENDER EL PROPÓSITO DE DIOS CUANDO DECIDIÓ ‘LLAMAR PERSONALMENTE’ A CADA UNO DE NOSOTROS. ‘ANÍMATE A DESCUBRIR QUÉ ES LO QUE DIOS TIENE PREPARADO PARA TI’: ‘COSAS QUE OJO NO VIO, NI OÍDO OYÓ, NI HAN ENTRADO AL CORAZÓN DEL HOMBRE, SON LAS COSAS QUE DIOS HA PREPARADO PARA LOS QUE LE AMAN’.
Hermanos: esfuércense por saber para qué los llamó Dios en Cristo, y ENCONTRARÁN EL VERDADERO SENTIDO DE LA VIDA. AMÉN.
Un saludo fraternal en Cristo al verdadero pueblo de Dios, a su nación santa.
Fernando Acuña Pintos.

 

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Fe; Fortaleza; Esperanza; Dependencia; Espíritu Santo; Autocontrol; Alegría: ¡Todo lo puedo en Cristo que me fortalece!

Hermanos comparto con ustedes algunos de los versículos más hermosos e inspiradores de la palabra de nuestro Señor Jesucristo. Los invito más que nunca a creer de todo corazón en la palabra de Jesús. Pido encarecidamente a todo hermano que lea estas líneas una oración sincera, que provenga del fondo de su corazón, por mí, que estoy pasando dificultades, así como también ustedes están pasando por las mismas cosas: tal vez acosados por algún pecado, por deudas, por el mundo, oprimidos por el diablo en diversas pruebas y circunstancias. Como sea que se encuentren en este momento, les propongo: oremos unos por otros, levantemos nuestros corazones y las palmas de nuestras manos a Dios en el cielo. Oremos sí, busquemos la intercesión de Cristo nuestro abogado, que está a la diestra de Dios, en su Trono de Gloria. Resistamos al mal y a las obras de las tinieblas. La oración de la Iglesia unida, de todos los santos unidos en el poder del Espíritu de Cristo traerá sanación interior y libertad. Yo también siento temor, quiero confesarlo, ante Dios no miento, siento miedo y ansiedad ante las grandes dificultades de la vida y las pruebas a las que nos vemos sometidos, más me aferro a Cristo, clamo, como aquél padre desesperado que, gritando dijo: ¡Creo: ayúdame a creer más en ti! No se avergüencen hermanos míos, Jesucristo conoce nuestros corazones, Él sí sabe lo que pensamos y sentimos. Aférrense a Cristo, Él es nuestra esperanza y nuestro sostén. Oremos unos por otros, busquemos a Dios y a Jesucristo de todo corazón. No te pido dinero, ni lisonjas, ni nada humano o corrompido, sino una oración sincera por mí, así como yo oro en el Espíritu también por ti. Dios te Bendiga con su paz, con su espíritu, su presencia, su amor eterno. Amén.
Fernando Daniel Acuña Pintos.
Montevideo: Uruguay.
Efesios 3: 14-19
Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.
Isaías 40:31
Pero los que confían en el Señor
renovarán sus fuerzas;
volarán como las águilas:
correrán y no se fatigarán,
caminarán y no se cansarán.
Isaías 41:10
Así que no temas, porque yo estoy contigo;
no te angusties, porque yo soy tu Dios.
Te fortaleceré y te ayudaré;
te sostendré con mi diestra victoriosa.
Efesios 3: 20-21
Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén
2 Timoteo 1:7
Pues Dios no nos ha dado un espíritu de timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio.
Gálatas 5:22-23
En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas.
Romanos 12:12
Alégrense en la esperanza, muestren paciencia en el sufrimiento, perseveren en la oración.
Juan 16:24
Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa.
“Jesucristo mi Dios y mi Rey, quiero levantar mi corazón y mi espíritu a ti en los cielos y pedir por este hermano amado que está leyendo estas líneas ahora. Pido de todo corazón por él, que tú traigas a su vida libertad, sanación de toda forma de opresión del enemigo y una apertura ancha de las puertas de la prisión del miedo, temor, ansiedad, preocupación, incredulidad. Satanás se ha esforzado mucho en levantar fortalezas en nuestras mentes durante muchos años. Así, nos quiso amoldar a su sistema de cosas y por años nos mantuvo prisioneros y esclavos suyos. Por eso hoy te pido Padre Celestial y Bendito, tu intercesión ante el Dios Soberano: Jehová de los Ejércitos. Danos la victoria sobre todos nuestros enemigos, sana nuestros corazones afligidos, cambia y transforma nuestras mentes para que, renovados en tu Poder, podamos resistir a satanás y a toda su hueste de maldad. Haznos vivir sobriamente y ser cuidadosos en la oración. No nos dejes estar inactivos en tu gracia, sino renueva nuestras fuerzas cada día, para que, unidos a Ti, llevemos mucho fruto. Padre: Jesucristo mi único Rey: Sálvanos de este presente oscuro y de tinieblas. Bendice a Tu Iglesia, cuídala y protégela de toda maldad que se trame contra ella. Jesucristo: ¡Te amo con todo mi corazón! Perdónanos los años en que vivimos en ignorancia y oscuridad. Tú eres nuestra luz. Ilumínanos y por Ti veremos la Luz. Amén.”
Bendiciones en Cristo Jesús a todos los hermanos de Fe esparcidos por el mundo. Cristo vuelve pronto. Estén preparados y unidos en amor. Amén.

 

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“Y cuando vengan las pruebas, no permitas que ellas nos aparten de ti”

Hermanos: cuántas pruebas, cuántas dificultades y tribulaciones tienen que soportar en su vida los creyentes verdaderos. Tienen en su contra a muchos enemigos. Por fuera, conflictos; por dentro temores…
No es fácil hermanos enfrentarse a un mundo tan cruel y corrompido.
Es un tema del cual ya he hablado antes más, nunca está demás volver a repasar una y otra vez todas estas cosas, ya que nos sirven de consuelo ante las pruebas y dificultades, y nos confirman que Dios está de nuestro lado.
Yo tengo tres biblias en mi casa: una Reina Valera de 1960; otra Reina Valera también de 1977; y una biblia traducida al lenguaje actual de 2003.
Siempre leo las tres indistintamente. Pero el texto en lenguaje actual es más sencillo y nos habla de manera más directa, se nos hace más fácil entenderlo.
Hoy, por ejemplo, abrí mi biblia traducida al lenguaje actual en Lucas 11:4. Aquí, algunos discípulos se acercan a Jesucristo y le piden que les enseñe a orar, así como Juan el Bautista lo había hecho con sus seguidores. Es la oración del Padre Nuestro, la que Jesús les enseña. En casi todas las demás traducciones de la biblia al español siempre nos encontramos con las mismas palabras: “Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén”.
La última frase se repite en casi todas las traducciones: “no nos dejes caer en tentación, y líbranos del mal”.
Pero en la traducción al lenguaje actual estas últimas palabras son: “Y cuando vengan las pruebas, no permitas que ellas nos aparten de ti”.
Son hermosas estas últimas palabras, pues, dejan al desnudo las intenciones más puras y sinceras del corazón del creyente verdadero. Jesucristo enseñó a su pueblo por medio de parábolas, ejemplos, figuras simbólicas. Estas parábolas nos hablan y mucho a cerca de la persistencia que debe tener todo creyente verdadero cuando se  ve sometido a ‘diversas pruebas’… Una de las más conocidas y la que ilustra muy bien lo que quiero enseñar aquí es la parábola del sembrador: “Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron.
Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó.
Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno. El que tiene oídos para oír, oiga.”
El mismo Señor Jesucristo explica la parábola de forma privada luego a sus discípulos. “Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el diablo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino.
Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza. El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este mundo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.
Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.
Vemos pues que hay cuatro categorías de ‘creyentes’: los que no entienden la palabra, o la malinterpretan, no llevan fruto en el camino de la fe, el diablo, el gran enemigo, arrebata la palabra que fue sembrada en su corazón; luego está el que oye la palabra con gozo, más al venir las angustias y tribulaciones de las que hablamos, se aparta, perece y no puede desarrollar su vida cristiana, pues nunca tuvo raíz, fe, confianza, esperanza; están también los que oyen la palabra pero se ven ahogados por los afanes de esta vida, el hacerse ricos y famosos es su objetivo, y la palabra se infructuosa en estos, pues no entienden el camino al cual fueron llamados; finalmente están los que recibieron la palabra con gozo y ‘permanecieron’ en ella, llevando fruto con ‘perseverancia’. ¡Esta es la semilla que cayó en buena tierra dando fruto al ciento por uno!
Hermanos: en esta parábola así como en todas las demás, la gran enseñanza que se nos da es la de ser perseverantes, avanzar en nuestro caminar cristiano, mantenernos en la fe, asirnos de la vida eterna. Se engaña el que piensa que puede venir a Cristo y no sufrir tribulación. No entiende la palabra la persona que piensa que seguir a Jesucristo no va a tener consecuencias directas en su vida diaria en este mundo. Jesucristo fue despreciado por el mundo, sufrió persecución, sufrió con el odio injusto e inmerecido de todos los que lo rodeaban, y al fin lo colgaron en la cruz. La palabra de Dios y las mismas enseñanzas de Cristo nos advierten constantemente que en este mundo injusto y perverso, los que aman a Dios de verdad sufrirán tribulaciones y muchas dificultades. El caminar cristiano está lleno de adversidades. Sin embargo, la vida cristiana es un continuo avanzar, un continuo moverse hacia la meta, correr la carrera puesta delante de nosotros con perseverancia. Por eso tantos avisos, tantas advertencias: ‘perseverad’, sed ‘perseverantes’, ‘más el que persevere hasta el fin’… Se equivoca el que piensa que porque dijo de ‘boca para fuera’: creo en Jesucristo, ya tiene la entrada al cielo abierta. Es verdad que lo que me da a mí la garantía de la salvación eterna es la fe en el Hijo de Dios. No estoy diciendo que la salvación ‘me la gano con mis propios esfuerzos’. ¡No! La salvación no es por obras, es por gracia, es un don, un regalo de Dios, para todos los que reciben a Cristo en sus corazones. Más hay que perseverar, debemos soportar muchos sufrimientos así como Jesucristo y todos los santos en toda la historia los han soportado. Y este es el gran desafío, esto es lo que debemos entender: “Es cierto, y todo el que quiera vivir una vida de sumisión a Dios en Cristo Jesús sufrirá persecución” 2Timoteo 3:12.
Hermanos: quiero volver al título de este breve post: esas palabras de Cristo traducidas al lenguaje actual: “Y cuando vengan las pruebas, no permitas que ellas nos aparten de ti”. Estas palabras son un hermoso consuelo y firme ancla del alma, para todo aquél que busca a Dios de todo corazón. Podré pasar por muchas pruebas y ser ‘zarandeado’, sin embargo, la esperanza de mi vida está puesta en Jesucristo: ‘No permitas mi Señor que las pruebas me aparten de Ti’. Es el pedido más sincero de mi corazón a Jesucristo. El Señor es un Padre amoroso y lleno de misericordia. Él sabe todo lo que sentimos, conoce nuestra miseria, el dolor de nuestro corazón. Recuerden que todas las cosas contribuyen para el bien de aquellos que aman a Dios.
Bendiciones en Cristo hermanos míos. Que Dios consuele sus corazones y no pierdan la esperanza nunca. Jesucristo está de nuestro lado. Amén.
Fernando Acuña.

 

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«¡Creo! ¡Ven en auxilio de mi poca fe!»

Hermanos: ¡Qué hermosa es la palabra de Dios! ¡Cuánto consejo y sabiduría encontramos en ella!
Ruego mucho a Dios Padre, en el nombre de Jesucristo nuestro Señor, que cada día pueda aprender más de su palabra y también pido por su iglesia, por ustedes, que están esparcidos por el mundo, y que hoy, buscando consuelo y conocimiento, se aproximan a leer estas breves líneas. Para que sean llenos de todo conocimiento y del amor de Cristo que supera todo entendimiento.
Cada día abro la palabra de Dios y me deparo con historias y momentos maravillosos acerca de la obra de Jesucristo y el ministerio que realizó mientras predicaba por todo Israel. ¡Cuánta misericordia y compasión tuvo Nuestro Señor de su pueblo! Las personas se agolpaban por las estrechas callejuelas, con la sola esperanza de tocar una prenda del Señor Jesús, para ser sanadas de sus dolencias, enfermedades, etc.
Historias conmovedoras por decenas: madres y padres que recibían a sus hijos sanos y liberados de espíritus inmundos; ciegos que recuperaban la vista con solo una palabra del señor; niños, jóvenes, hombres y siervos que volvían a la vida luego de haber muerto físicamente; miles alimentados milagrosamente; miles también, recibían conocimiento verdadero y eran iluminados y transformados por la luz del salvador del mundo. Podría seguir contando detalles pero me faltaría espacio, y no es la intención de este breve escrito. Mi intención siempre es dirigirlos a la palabra de Dios para que, personalmente, vean ustedes mismos todas las obras y enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo.
Hermanos: en esta ocasión en especial, quiero detenerme brevemente en el evangelio de Marcos capítulo 9:24. Aquí encontramos una de las sanaciones más maravillosas y conmovedoras de Jesucristo. Es maravillosa por las circunstancias que la rodean y porque el mismo evangelista nos relata que ‘los discípulos no lograron expulsar’ el demonio de un muchacho, el Maestro tuvo que encargarse de ello… Y también es maravillosa porque nos deja una enseñanza espiritual muy grande para nosotros, extraída de la petición del Padre del joven endemoniado. Dependiendo de la traducción del nuevo testamento que posean, encontraran diferentes palabras de la frase expresada por el desconsolado padre del joven. El título de estas breves líneas utiliza la traducción de la biblia Reina Valera de 1977 y, en ella, la petición del Padre del muchacho a Jesucristo es: ‘Creo; ven en auxilio de mi poca fe.’
Tal vez la traducción más común en la mayoría de las Biblias sea: ‘¡Creo! ¡Ayúdame en mi incredulidad!’ 
Si bien ambas expresan lo mismo, pero con diferentes palabras, me parece que la traducción revisada de Reina Valera de 1977 es la que se acerca más a nuestros corazones.
El pedido desesperado del padre del joven endemoniado, que sufría al ver a su hijo ser atormentado por este terrible género de maldad (tanto que las palabras de Jesucristo a discípulos fueron: ‘este género no puede salir con nada sino con oración y ayuno’…) es desgarrador: ‘Si puedes hacer algo, ten compasión de nosotros y ayúdanos’… Entonces Jesucristo le dice: ‘Si puedes creer, todo es posible para el que cree’. Y el sufriente padre ‘grita’: ‘Creo; ven en auxilio de mi poca fe.’
Es maravillosa esta historia hermanos, no sólo porque Jesucristo sanó al muchacho, sino porque nos demuestra que no todos tenemos el mismo ‘nivel de fe’. Por algo el Apóstol Pablo, en Romanos 14-1 nos dice: ‘reciban al que es débil en la fe’. Los Apóstoles también pidieron a Jesucristo: ‘Auméntanos la Fe’. En el diario caminar con Cristo debemos aprender a confiar más en Él. La entrega de nuestra vida a Jesús debe ser diaria. Todo es un proceso. Cuanto más apredemos sobre Jesucristo: quién es Él, su ministerio, su sacrificio, su propósito, su llamado, más entregaremos nuestra vida en sus manos. Hermanos, es como la parábola de la semilla de mostaza: ‘el Señor siembra su palabra en nosotros, esta fructifica y con su ayuda y cuidado, comienza a crecer. Y pasa de ser la semilla ‘más pequeña’ de todas, a ser el árbol más frondoso de todos.’ Pero para que esto se cumpla y alcancemos la plenitud de Cristo, debemos caminar con el Señor todos los días. Venciéndonos día a día. Tomando nuestra cruz y siguiendo a nuestro Padre espiritual.
La enseñanza  que nos deja esta historia es que ‘nadie puede juzgar’ el ‘tamaño de nuestra fe’. El Señor lo sabe todo. Él sabe cuánto avanzaremos en sus enseñanzas y sabe también cómo ‘aumentar nuestra fe’. Jesucristo no despreció a este padre cuando le imploró que sanara a su hijo ‘a pesar’ de su ‘poca fe’… ¡Lo hizo! Porque el Señor conoce los corazones de los hombres y sólo Él puede juzgar las intenciones y los pensamientos más ocultos de los hombres.
Hermanos: no se den por vencidos nunca. Sigan avanzando en el camino del Señor. Sigan creciendo día a día, más y más, un paso a cada día. No estén recriminándose por qué aveces sienten que no tienen la fe necesaria para llevar a delante tal cual cosa… Recuerden que la fe verdadera no debe basarse en sentimientos. Los sentimientos son estados de ánimo y éstos son muy cambiantes. No estamos con el mismo ánimo todos los días. Nuestra fe debe estar cimentada en Jesucristo, así como nuestros ojos deben estar puestos en Él. El diario caminar con Cristo, así como nuestra comunión diaria con Él, es lo que aumentará nuestra ‘poca fe’. Porque sinceridad es decirlo, todos nos parecemos mucho a este padre, creo que diariamente, y para todas las cosas que hacemos, deberíamos decirle a Cristo: ¡Señor: ven en auxilio de nuestra poca fe!  

Hermanos pídanles a Dios y a Jesucristo que los fortalezcan y, por sobre todo, obedezcan sus mandamientos. ¡Este es el camino seguro! ¡Obedecer a Jesucristo! ¡Guardar sus mandamientos prueba que lo amamos y somos sus discípulos!
Hermanos oren por mí, así como yo pido por ustedes, en el Poderoso nombre de Jesús. Que la paz de Jesucristo este con ustedes. Amén.
Fernando Acuña.

 

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¡Manteniéndonos firmes en Cristo!

Hermanos en Cristo: todos los hijos de Dios tenemos una lucha, una carrera y una meta. El premio a todos estos desafíos es el supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.
No importa por todo lo que estén pasando. Yo sé que hay muchos hermanos de fe en todo el mundo que están pasando cosas realmente terribles. No obstante, no se rinden. Puede ser que tú no tengas las mismas luchas y no enfrentes las mismas dificultades que otros cristianos.
¡Eso no importa, tu lucha no es menor! Ten presente las palabras del Apóstol Pedro: ‘sabiendo que en todas partes del mundo los hermanos de ustedes están sufriendo las mismas cosas.’
No debemos desalentarnos, recuerden que para ‘los que Aman a Dios todas las cosas les ayudan para bien’. ¡Cómo nos cuesta darnos cuenta de esto!
Ponemos demasiada atención en la tormenta y no lo miramos más atentamente a Él, Jesús, el autor y consumador de nuestra fe.
Quiero que sepan que por estas mismas experiencias pasaron también hombres eminentes en la fe como Pedro, Pablo, Tomás, entre otros tantos y tantos santos, escogidos en Cristo para salvación y gloria eternas… Ellos también tenían dudas, recuerden las palabras de Tomás cuando recibió el mensaje de la resurrección de Jesucristo: «No lo creeré a menos que vea las heridas de los clavos en sus manos, meta mis dedos en ellas y ponga mi mano dentro de la herida de su costado» Luego Jesús volvió a aparecerse a su discípulos y Tomás tuvo la oportunidad de ver y tocar al maestro y dejar de ser ‘incrédulo’ y creer de corazón. Sin embargo no fue rechazado por Cristo a causa de sus dudas. Luego, pasó a predicar a Cristo con todo su corazón. Pero todos ellos tenían dudas, miedos y temores, y sin embargo Cristo cumplió su promesa: vino a ellos y, cuando partió, les envió su Espíritu Santo. Esta es la fuerza y la razón de la expansión de la fe cristiana por el mundo: la presencia del bendito Espíritu Santo de Nuestro Señor entre nosotros. ¡No estamos solos! ¡Dios está con nosotros! ¡El Espíritu de Jesucristo vive en nosotros! Hemos recibido ya todo lo que los Apóstoles recibieron. El mismo Espíritu, el mismo evangelio, el mismo testimonio. Debemos caminar con Cristo, creerle a Dios, ¡Dios es veraz!
No seamos incrédulos como Tomás. ¡Benditos los creen sin verme dijo el Señor!
Hermanos no importa contra qué estén luchando ahorita mismo. Jesucristo, el Dios de la Resurrección y la Vida está con ustedes, así como conmigo. ¡Creámosle!
Ayer abrí mi biblia y me deparé con el evangelio de Mateo, allí vi esta palabra, cuando el señor lo llamó: ¡Sígueme!
Dios nos habla a través de su palabra. Otra vez lo repito: ¡Creámosle!
Sigamos a Jesús, él nunca nos rechazará: «Sin embargo, los que el Padre me ha dado vendrán a mí, y jamás los rechazaré»
¿Estás luchando contra algún pecado en particular? ¡Sigue a Jesús!
¿Estás enfrentando dificultades de todo tipo? ¡Sigue a Jesús!
¿Estás enfermo o sufriendo opresión? ¡Sigue a Jesús!
¡Síguelo no importa contra qué te estés enfrentando!
¡Dios es nuestro escudo grande y nuestra salvación! 
¡No estamos solos, Jesús está con nosotros! Amén.
Fernando Acuña.

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Y Dios estaba con José y lo prosperaba en todo lo que hacía…

Queridos hermanos, les dejo hoy una breve reflexión acerca de esta hermosa historia de superación que nos relata el libro del Génesis: la historia de José hijo de Jacob. (Génesis 37-50)
La historia de José es muy conmovedora y nos cuenta la vida y los caminos de un hombre de Dios que sufrió muchas dificultades, más que nunca perdió su fe y, más importante aún, la palabra nos dice que: ¡Dios siempre estaba con José!
Es una historia de muchísimo consuelo para todos aquellos que buscan entender cómo obra Dios en nuestras vidas. El Señor condujo a José a través de muchas dificultades: Tenía sueños, visones, y sabiduría espiritual para dar una interpretación fiable de los mismos; odiado y resistido por sus hermanos por ser el hijo favorito de su padre Jacob; por este mismo odio que sentían hacia él sus hermanos planearon, matarle primero, y luego decidieron venderlo como esclavo a una partida de beduinos que, a su vez, lo vendió a un oficial egipcio; Dios prosperó a José en la casa de Potifar, tanto que éste lo puso a cargo de todas sus cosas; más la esposa de este oficial egipcio quería acostarse con José, como éste se negaba, lo acusó de haber intentado violarla, a lo cual otra vez José fue a parar en desgracia, y fue metido en prisión; allí también lo prospero Dios en todo y José se ganó la confianza del carcelero y pudo luego interpretar los sueños de unos sirvientes de faraón, quién luego lo llamará para que le interprete unos sueños que ningún adivino en Egipto podía resolver… Tanto agradó José a Faraón que éste lo colocó como el segundo más importante en todo el reino. Y gobernó José sobre todo Egipto y sólo Faraón tenía más poder que él. Luego la historia termina con la llegada de los hermanos de José que bajan a Egipto a comprar comida, pues era tan grande la hambruna que no había alimento en toda la tierra, dice la palabra de Dios… Aquí José revela su identidad a sus hermanos y hace venir a Jacob desde Canaán. Para quién quiera conocer la historia de José que lea los capítulos de Génesis del 37 al 50. Este es un breve repaso, pues no deseo detenerme a contar con lujo de detalles su historia, sino mostrar la enseñanza espiritual que nos deja.
Hermanos: presten atención a estas palabras de José, dirigidas a sus hermanos que le habían vendido como esclavo, al momento de revelarles quién era él: «Soy José, su hermano, a quien ustedes vendieron como esclavo en Egipto. Pero no se inquieten ni se enojen con ustedes mismos por haberme vendido. Fue Dios quien me envió a este lugar antes que ustedes, a fin de preservarles la vida. El hambre que ha azotado la tierra estos dos últimos años durará otros cinco años más, y no habrá ni siembra ni siega. Dios me hizo llegar antes que ustedes para salvarles la vida a ustedes y a sus familias, y preservar la vida de muchos más. Por lo tanto, fue Dios quien me envió a este lugar, ¡y no ustedes! Y fue él quien me hizo consejero del faraón, administrador de todo su palacio y gobernador de todo Egipto…»
José dice: ‘fue Dios el quién me envió a este lugar’ ¡Y no ustedes! ‘Dios me hizo llegar antes que ustedes para salvarles la vida a ustedes y a sus familias’.
Ustedes pueden ver aquí la mano de Dios obrando. Lo he dicho antes, nosotros muchas veces no entendemos la forma en que Dios obra en nuestras vidas. ¡Toda la palabra fue escrita para que sus ejemplos nos sirvan de enseñanza y consuelo!
Aquí, por medio de una mala acción de sus hermanos, por medio de algo que parecía para mal, Dios ya había establecido que sería para bien. Dios mismo lo había decidido, ya lo había planeado aún antes de que sucediera. Esto nos trae un gran consuelo pues al momento, si estamos enfrentando dificultades y no logramos entender los caminos de Dios, leyendo su palabra obtenemos el consuelo y la fortaleza para seguir adelante y confiar más aún en Cristo, que renueva nuestras fuerzas. En la biblia hay muchas historias más acerca de cómo Dios está en el control de la vida de sus hijos. Muchas veces nos desanimamos y desconsolamos porque nos cuesta tener fe y confiar más en Dios. No tengan temor hermanos, a mí en este momento me sucede algo parecido: estoy lleno de dificultades y por mí mismo no logro ver la solución, sin embargo, tengo el consuelo de la palabra de Dios y leyéndola encuentro fuerzas y pido a Dios que refuerce mi Fe en su Hijo Jesucristo. Que me haga descansar en Él, estar plenamente seguro de Él. Recuerden que la fe, nada tiene que ver con sentimientos y emociones. La Fe verdadera es ¡CERTEZA y CONFIANZA! Y esto no depende ni se apoya en sentimientos ni emociones, cosas cambiantes, que van y vienen.
Hermanos: así como yo lo hago, los invito a leer más la palabra de Dios. Los invito a entregarse más a la meditación y al estudio de la palabra de Dios. Ella es nuestra fortaleza, consuelo, guía, ¡Ella es la verdad de Dios para nosotros! ¡Tengamos confianza en Dios!
Él, obra en nuestras vidas de forma maravillosa, Dios tiene un propósito para cada uno de nosotros. Confiemos cada día más en Él. Como dice Pedro: ¡Debemos confiar más en Dios, entregarle nuestra vida, buscar conocerlo cada día más!
Recuerden que Dios no cambia, Él no es como los hombres. ¡Él es el mismo ayer y hoy y siempre!
Así como el mismo Dios que obró y condujo a José para que este cumpliera con sus propósitos, el mismo Dios nos conduce hoy a nosotros, para que también cumplamos con sus propósitos, y Él, cumpla a su vez, el suyo en nuestras vidas.
Hermanos confiemos en Dios y en Jesucristo. ¡Dios es Fiel!
A Él sea la gloria eterna en el bendito nombre de Jesucristo. Amén
Fernando Acuña.

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Apostasía y teoría de la evolución: Sinónimos…

Queridos hermanos: no puedo cesar de exhortarles y avisarles que deben extremar su atención ante los sucesos que estamos viviendo y discernir cuidadosamente todo lo relacionado a la información que se les presenta como ‘absolutamente cierta, verdadera y confiable’. Entiendan por favor que todo lo relacionado a la ‘sabiduría’ de este mundo es necedad para Dios. Lo que la mayoría de los hombres ha hecho durante toda su existencia aquí abajo es desobedecer a Dios. ¡Muy pequeño es el remanente que le es fiel!
Cristo rechaza la sabiduría de este mundo, y esto es muy evidente, ya que dijimos más arriba, que el hombre no ha hecho más que desobedecer, y con el paso del tiempo se ha empecinado en adorar ídolos y actualmente en negar su misma existencia. Esto es lo que hace la tan aclamada y falsa ‘teoría de la evolución’.
Cuando buscamos entender y explicar las profecías bíblicas, muchas veces usamos términos de difícil comprensión y no logramos llegar al corazón del pueblo de Cristo. Es como si quisiéramos usar la retórica de este mundo para tratar asuntos espirituales. Esto es lo que no quiero hacer aquí en este breve artículo. Los que recibimos la gracia de discernir las profecías bíblicas tenemos la obligación de ser sencillos y exponer con claridad y de forma concreta su interpretación para que sean del provecho de la congregación de Jesucristo.
No tengan miedo ni tampoco se avergüencen cuando estos blasfemos ‘defensores de lo indefendible’ los traten con desprecio a causa de su rechazo a este ‘gran engaño’. Los hombres de este tiempo final han recibido la dicha de ver con sus propios ojos la maravillosa obra de Dios. Han podido estudiar a detalle toda la magnificencia y el infinito conocimiento con que el Dios Todo poderoso ha hecho todas las cosas. Como ha ordenado todo de forma brillante e inentendible para la pobre mentalidad humana. No obstante siguen endurecidos en sus corazones y, peor que esto, llaman a sus engaños ‘ciencia y conocimiento verdaderos’…
Ustedes ya saben hermanos que en los días finales veríamos lo que Jesucristo y los Apóstoles llamaron: ‘Gran Apostasía’. Entiendan, les ruego, que esta Gran Apostasía, este ‘Abandono de la Fe de Jesucristo’ ya está en marcha. Y por esto mismo vemos que las señales de los últimos tiempos se están cumpliendo. Los hombres, llevados por sus deseos egoístas y sus pecados, están abandonando la fe cristiana para adherirse a las ‘Mentiras de satanás’…
La teoría de la evolución es e’Mayor Engaño’ en toda la historia de la humanidad. Y está llevando a la perdición a millones de hombres y mujeres alrededor del mundo.
Sepan que de aceptar este engaño ustedes han ‘Apostatado de Dios y de Jesucristo’.
Si el mundo es fruto de la ‘evolución y el azar’, ya no hace falta un Dios Creador. Si Dios no creó el Universo, la tierra y toda la vida que hay en ellos, tampoco resucitó a nuestro Señor Jesucristo de entre los muertos. Ya que los que se adhieren a esta mentira, dicen claramente que: ‘nada hay después de la muerte’… 
¡La esperanza de nuestra fe es justamente esta!
Dios levantó a Jesús de entre los muertos y nos llamó a vivir una nueva vida sobre la base de esta esperanza: ‘que en su Gran día Jesucristo nos resucitara de entre los muertos y nos dará vida eterna’.
Por eso miren bien qué es lo que están asumiendo y a qué le están dando su consentimiento.
Si ustedes se pliegan y dan su consentimiento a estas mentiras, han caído de la gracia de Dios en Jesucristo. Les ruego en nombre de Jesús: rechacen este error, este engaño de satanás. Velen cuidadosamente y busquen interesarse por las cosas de Dios.
¡Aún hay algo de tiempo! ¡Busquen escapar de la ira que vendrá sobre todos los hijos de desobediencia que aplauden a estos falsos profetas!
Recuerden las palabras de Pablo: “Ahora, con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo y nuestra reunión con él, les rogamos, hermanos, que no sean movidos fácilmente de su modo de pensar ni sean alarmados ni por espíritu ni por palabra ni por carta como si fuera nuestra, como que ya hubiera llegado el día del Señor. Nadie los engañe de ninguna manera; porque esto no sucederá sin que venga primero la apostasía y se manifieste el hombre de iniquidad, el hijo de perdición. Este se opondrá y se alzará contra todo lo que se llama Dios o que se adora, tanto que se sentará en el templo de Dios haciéndose pasar por Dios. “
Aquí están claramente expuestas las advertencias de los Apóstoles. Vendrá primero la gran rebelión (Apostasía) contra Dios y será manifiesto el hijo de desobediencia (Anticristo). Cuando dice: se ‘sentará en templo de dios haciéndose pasar por dios’, recuerden que ¡nosotros somos el templo del Dios! Esto quiere decir que este ser, quién se manifestará con ‘todo poder y engaño’, es un enviado directo de satanás y usará al hombre para que éste lo adore como a un Dios… “En cuanto a ese malvado, vendrá con la ayuda de Satanás; llegará con mucho poder, y con señales y milagros falsos…”
Hermanos: busquen entender y pídanle a Dios toda sabiduría espiritual.
No podrán decir después que nadie les avisó de esto. ¡Porque avisados están!
Dios ama a su pueblo fiel y quiere que este remanente no sea engañado, pues: “Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y mostrarán grandes señales y prodigios, para así engañar, de ser posible, aun a los escogidos”.
Por esto mismo les ruego en nombre de Jesucristo ¡que despierten! ¡Dejen de dormir ya!
Hermanos abran los ojos, resistan a los planes de satanás y opónganse a sus propósitos. ¡Luchen y sean perseverantes hasta el fin!
Dios los bendiga y los proteja del maligno. Este es mi trabajo: advertirles de lo que vendrá. Y trato de hacerlo lo mejor posible.
Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo los guarde y los preserve de todo mal. Amén.
Ya está más cerca el día de nuestra redención de cuando empezamos a creer. ¡Sí: ven Señor Jesús! Amén.
F.D.A.P.
 

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Plan, conocimiento y propósito: ¡La mente de Cristo!

Hermanos: parece que todos los hombres en este mundo corrupto tienen un ‘plan maestro’ para zafarse de sus diversas dificultades, consecuencia de su vida desordenada… Muchos de ellos usan la malicia y la astucia mundanas para salirse con las suyas… Para todo parecen tener una respuesta y un camino…

Efectivamente creen que saldrán ilesos y triunfantes sin importar el daño que hayan causado con sus malas acciones. Esta es la ‘mente carnal’ con la que manejan el mundo los hijos de desobediencia.  ¡Aquellos que están dominados por el espíritu del maligno!

Sin importar adónde los conduzca su perfidia y su maldad los hombres siguen negando lo evidente y defendiendo lo indefendible. Tienen al bueno por malo y al malo por bueno. Estropean todo lo que cae en sus manos y se oponen fervientemente a la justicia de Dios,  llevados por su egoísmo y su ceguera espiritual. En los tiempos que vivimos hasta el discípulo verdadero debe cuidarse y estar muy atento, pues es muy cierto que estos hombres perversos se han metido hasta el mismísimo corazón de las congregaciones.

¡Falsos maestros y falsos apóstoles!

¿Cuál es el propósito que persiguen los hombres que se amoldan a este mundo? ¡La gloria mundana, las riquezas, la ostentación de la forma de vida! ¡Ya tienen su galardón completo aquí abajo!

Todos sus planes son maldad pura como dice claramente el Apóstol Pablo: “No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre; quebranto y desventura hay en sus caminos; y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos” (Romanos 3:10-18).

Todos los que se pierden tienen la misma mente mundana, los mismos planes corruptos, persiguen los mismos propósitos egoístas y soberbios… Y como no pueden entrar en razón y no logran ponerse de acuerdo, sino por un instante, para llevar a cabo su maldad en conjunto, luego comienzan a pelearse y a desgarrase entre ellos mismos, y así entendemos el origen de todas las guerras,  pleitos y desavenencias, el odio reinante entre los hombres de este mundo…

¡Esta es la mente, los planes y propósitos del hombre mundano! ¡El fin de todas estas obras es la muerte eterna!

En cambio los que son de Cristo no se amoldan ni se dejan vencer por este mundo corrompido. Todo discípulo verdadero sabe que tiene que vencerse a sí mismo día a día. Quebrantar el poder del viejo hombre y renovarse en la fuerza de su ‘nueva mente’.

¡Esta es la mente de Cristo!

El regalo más hermoso que hemos recibido los creyentes es la nueva vida en Cristo Jesús. Y a medida que vamos creciendo en el conocimiento de Jesucristo y su mensaje, vamos entendiendo el propósito de Dios para nosotros.

En el principio el hombre y la mujer fallaron: fueron infieles y no guardaron la palabra de Dios. Sin embargo, Dios en su sabiduría, ya sabía el Plan Maestro que pondría en práctica para redimir al hombre: ¡Ese Plan Maestro era Jesucristo!

Su Amado Hijo vino en forma de hombre, igual a nosotros en todo, pero sin pecado, y por medio sí mismo, de sus padecimientos y muerte en la cruz, puso fin a la enemistad del hombre con Dios. Así, el Plan Maestro de Dios fue dado a conocer. Y el medio por el cual somos salvados también: ¡Jesucristo nuestra salvación y el perdón de nuestros pecados!

¿Qué debemos hacer ahora?

¡Crecer en la gracia y en la misericordia de Dios todos los días!

Conocer cada día más a Jesucristo y estar cada día más unidos a Él. Si nos esforzamos por conocer cada día más a Jesucristo seremos cada día más llenos de su Espíritu. Vivirá y hará morada en nosotros nuestro amado Señor, y seremos cada día más completos.

Es un proceso, es día a día, esforzándonos, llevando fruto con perseverancia, siendo constantes y permaneciendo firmes hasta el fin. “Ese proceso continuará hasta que todos alcancemos tal unidad en nuestra fe y conocimiento del Hijo de Dios que seamos maduros en el Señor, es decir, hasta que lleguemos a la plena y completa medida de Cristo” (Efesios 4:13).

Estos son los planes eternos de Dios para nosotros. Para que por medio del conocimiento verdadero de Dios y de su palabra, crezcamos y maduremos hasta que Cristo sea formado en nosotros. ¡Los planes de Dios son hermosos! ¡Cuánta ventura y dicha esperan a todos los que se aferran a las promesas de Dios hechas realidad en Jesucristo! ¡Hermanas y hermanos míos: los invito a conocer los planes que Dios y Jesucristo tienen para ustedes!

Abandonen la falsa seguridad de este mundo perverso y maligno.

¡Vengan a la barca de Cristo, súbanse a ella por Fe!

El mundo, el mar embravecido de hombres perversos, no podrá arrebatarlos del amor de Dios que es en Cristo Jesús nuestro Señor. ¡Nada ni nadie podrá arrebatarlos del amor de Jesucristo!

Entreguen su vida a Dios, permitan que el Espíritu Santo los guíe, y obedézcanlo en todos sus caminos. Y el Dios de Paz, llevará sus cargas y llenará sus corazones con su paz.

¡Nada esperemos de este mundo! ¡Nuestra ciudadanía pertenece a los cielos! ¡La Nueva Jerusalén que Dios traerá y en la cual habitaremos todos los que anhelamos estar con Jesucristo por toda la eternidad! Amén y Amén.

F.D.A.P.  

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